Hay de pronto mil cosas por notar… porque después de un tiempo me he dado cuenta del camino que se recorre y que cada tres años hay una cierta renovaciòn en mi vida. Es peculiar, pero es verdad -al menos hasta ahora.

Cuando terminè la primaria, pasaron tres años más en los que lentamente me fui transformando en un adolescente febril. Luego, decidí un cambio radical para alguien que no había dejado su hogar nunca: vine a estudiar a Oaxaca. Tres años de bachillerato que me marcaraon para siempre y que tendrían repercusiones incluso muchos años después, así pasa cuando los hermanos de camino son leales y buenos como los que me encontré. Al terminar, me fui a Celaya para iniciar una aventura más, radical -se podría decir que más que la anterior. Duré tres años en el seminario, por diversas causas me salí y volví a mi tierra. Entré a estudiar la licenciatura en el centro de idiomas, recién elevado al grado de facultad. Y hoy, después de tres años de estudio, una nueva misión se presenta.

Sí, esto de los tres años parece cumplirse. Soy un caminante muy inquieto. Me hace feliz todo esto, con todo y las complicaciones que han habido en el camino, con todo y las que me esperan allá para hacerme crecer y creer una vez más en quién soy, de dónde vengo y hacia dónde quiero ir. Sigo teniendo sueños, a pesar de que algunos ya ni siquiera me hablen, o no sepa donde dejé el último que se escapó una mañada de domingo. Sigo esperando por aquello que me confirme en mis propósitos, que me haga saber que toda esta lucha tiene sentido y ha valido la pena. Mientras eso llega, quiero seguir luchando.

Salgo para Kalamazoo el martes 11 de septiembre, a las 12:00 en el ADO. Un salto más hacia lo desconocido, que es mi elemento, según me parece ahora. Voy más sereno, más maduro que a los 17 años, menos frustrado y amargado que a los 20… tengo un buen balance.

Aunque no todo cambia: mi ojo sigue igual que cuando comencé la prepa… sigue dando lata, está igual de enfermo, a pesar de que hay veces en que se olvida que lo está y somos más felices. Dentro de todo esto he aprendido lecciones hermosas, dolorosas, conmovedoras. Antes de irme tengo que pasar a ver al médico para que haga los últimos arreglos con respectoa este ojo mío que resiente mis erráticos cambios de humor.

Ahora tendré el tiempo para hacerlo con calma porque ya terminé mi tiempo en el servicio. Siberia se acabó. Hoy me fui y después de seis meses me voy satisfecho con todo lo que pude hacer. Si en algo pude ayudar, me doy por bien servido. (Claro, eso tiene que quedar en una constancia después, ¿no? Pero el balance más importante no se asienta en un papel, sino en un lugar más profundo) Me fui casi en silencio, pues el director no estaba, Ana no va los sábados y la coordinadora estaba en una junta. Apagué las luces y espero que quien venga y trabaje sea feliz y haga su mejor esfuerzo por sacar adelante todo cuanto se haya de necesitar.

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