En la tentación se muestra nuestra fragilidad y la astucia de satanás.

Más de una vez, en mi vida, me he encontrado en una situación aparentemente buena, agradable, cómoda, deseable; pero que va en contra de lo que Dios pide de mí. Elegir se convierte entonces en algo muy complicado. Estoy seguro que tú también lo has vivido porque todos los seres humanos nos enfrentamos a momentos así durante toda la vida.

Adán y Eva son, en la historia que acabamos de escuchar, como «modelos» de lo que cualquiera de nosotros puede vivir. ¿Por qué las personas escogemos hacer lo malo? ¿Cómo es que, recibiendo tantas bendiciones en nuestra vida, llegamos a desobedecer lo que Dios nos ha dicho? Nos contradecimos porque buscamos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, pero casi siempre acabamos haciendo lo incorrecto. Y esto ha sido motivo de reflexión para muchas generaciones antes que nosotros, y lo será para quienes vienen detrás. Quienes escribieron sobre Adán y Eva nos muestran la manera en que la tentación llega a nuestros corazones humanos.

La serpiente llega y pone en entredicho lo que Dios ha dicho. ¿Alguna vez has escuchado llegar a una serpiente? Son animales que se arrastran silenciosamente. Así es la tentación con nuestro corazón. Llega sin ser vista, es un pensamiento simple, una idea que se anida en la mente y va perforando el corazón lentamente. Hasta que un día, la vemos delante de nosotros: nos ofrece una opción diferente.

El árbol parecía apetecible, agradable, bueno para comer… La vida nos presenta, en ocasiones, situaciones en las que cualquiera podría engancharse. Un aumento de salario, una mejor situación laboral, una buen promedio en los estudios, la comodidad, lo más fácil es quedarse ahí. Si hay un precio que pagar, ya se verá. Una voz interior nos dice «quédate aquí», «no hagas un esfuerzo extra», «si todos lo demás lo hacen, tú, ¿por qué no?», o incluso «a ti no te toca, que lo haga otro». Extendemos la mano, y aceptamos el fruto.

Ya que no hemos hecho lo correcto, intentamos justificar nuestra decisión de varias formas. A veces nos enojamos contra quienes señalan que hemos cometido un error. Otras, aseguramos que hacer lo contrario habría resultado en un daño para nosotros. O bien, tratamos de echar la culpa a alguien más. Finalmente, podemos mirarnos y asegurar que así somos y no podemos cambiar. Todo esto es cubrirnos con higueras.

Parece entonces que todo está perdido. ¡Pero no! Jesús muestra un camino distinto. El Espíritu lo conduce al desierto para ser tentado. Él no evita esa realidad humana. Así nos va a salvar. Esta historia es también un «modelo» de todas las veces en las que Jesús vivió en su vida la otra opción que le hablaba dentro: el podría tenerlo todo, fama y gloria sin tener que pasar por la cruz; el podría hacerse grande por todos los milagros que hacía; él podría cambiar la situación de la gente como por arte de magia.

¿Qué hizo Jesús? ¿Qué haces tú delante de la tentación? ¿Cuál es la tentación más grande en tu vida? Dejemos que la Palabra nos ilumine con la frase de Jesús: «está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y a Él solo servirás».

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Lecturas

Gn 2, 7-9; 3, 1-7
Sal 50
Rm 5, 12-19
Mt 4, 1-11