A veces, la vida nos sorprende simple y llanamente, muchas veces, es sólo con un pequeño detalle y otras, las menos, es mediante algo más poderoso y que pocas veces alcanzamos a comprender o valorar.

Hoy me pasó algo muy curioso. Fui al centro con mis compadres un rato, a caminar y platicar un momento. La niña -mi ahijada- se entretuvo persiguiendo palomas, las pocas que hay ahora, y nosotros la cuidamos a la distancia. Es muy independiente y tiene un carácter que conjuga perfectamente la tesonera paciencia del padre, con la inslencia de la madre. Me divertí mucho viéndola jugar y -de cierto modo- crecer a mis ojos. Los niños son creaturas maravillosas y me acordé de algo que leí por ahí entre los textos perdidos de un tiempo pretérito: “La síntesis y perpetuidad del amor de pareja es un hijo”. No sé si eso sea en todos los casos, pero en éste muy particular, lo es.

Mis compadres se conocieron en la prepa. Somos amigos desde entonces y algo que nos ha caracterizado es un espíritu jovial y bromista, a pesar de todo -y de todos- Muy dentro de nosotros está también la intrepidez y algo de fe, porque todavía creemos en nuestros sueños, aunque sea poco lo que se haya cumplido de ellos hasta ahora. Ya trabajamos, mal que bien, casi terminamos nuestras carreras y nos titulamos; y aunque parece que falta mucho, los costos siguen siendo -aparentemente- pocos.

Por causas y azares llegó a su vida un pequeño ser que los alegró, los acabó de unir y selló lo que desde el principio se vio como una relación de pareja. Hoy los volví a ver con más detenimiento y me dio gusto saber que poco han cambiado. Sigue siendo su trato igual que cuando novios, claro que más madurado, pero con la misma química que transmitían. “Ese par no cambia”, me dijo una vez Adriana. Hoy sé que ya cambiaron, ya crecieron y lo siguen haciendo, más por Sofi que por ellos mismos. Ha pasado tiempo y dentro de todo estamos juntos gracias a Dios, nosotros mismos y la amistad tan fuerte que nos une.

Mi comadra me dijo hoy: “no vayas a dejar aquí una novia y te me regresas a medio año” Ja, ja, ja. No tengo novia, así que no hay peligro. Además, la idea -originalmente- es ver qué más puede pasar… allá. Voy a estudiar, aclaro 🙂 jajaja

El viento hoy sí me quiso hablar, más bien fue un susurro arrancado a punta de… miradas a medio-ver. Me dijo que después de todo, aunque tenemos que crecer y cambiar, que madurar y buscar otras metas, nuestra esencia permanece y se adapta a los nuevos tiempos. Seguir adelante no es renunciar al pasado, sino demostrar que ese pasado ha servido de algo.

Gracias a Sofi por la enseñanza de esta tarde.

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Mañana vienen a almorzar. Estoy feliz.