Preparamos el camino cuando dejamos que Jesús nos guíe en Espíritu y en Verdad. La Palabra nos habla de cómo los montes serán rebajados y los valles colmados para crear un camino llano y directo hacia el hogar de quienes escuchan. También escuchamos que un hombre tenía la Gracia de Dios con él, que la Palabra del Señor había descendido sobre él. Su nombre era Juan y sacudió las conciencias del pueblo porque su vida era congruente con lo que anunciaba. Una comunidad que logra vivir en ese espíritu es causa de alegría y nos ayuda a creer más en Aquél que nos ha convocado a vivir según su ejemplo.

¿Qué partes de tu corazón están tan elevadas que te impiden contemplar la Gloria de Dios que está llegando para salvarte? Tu amor propio, tus preocupaciones, tus enojos y tristezas, tu modo de tratar a los demás, tu infidelidad a los principios que juraste defender un día… Todas las cimas serán aplanadas por el Poder de Dios. La decisión es tuya, si tú quieres que Él guíe tus pasos hacia tu verdadero hogar.

¿Qué partes de tu corazón están derrumbadas y piensas que no tienen reparación ni con la Justicia que procede de Dios para darnos la Paz? Tus temores, dudas, pecados y lejanía; tu poca capacidad de contar las bendiciones que tienes en la vida, tu falta de ánimo para actuar en vez de solamente criticar, tu debilidad… Todos los valles y depresiones serán colmados para que puedas contemplar la llegada del príncipe de Paz desde tu corazón. La decisión es tuya, si tú quieres que Él tome todo tu corazón para conducirlo hacia tu verdadero hogar.

Juan conocía donde estaba su verdadero hogar. La Palabra de Dios habitaba en lo más hondo de su corazón y se había dado cuenta de la realidad que el Pueblo vivía. Atrapados en una lógica de pecado, sin mucha esperanza y creyendo que estarían para siempre alejados de Dios. ¿Te has sentido así alguna vez? Hoy Juan nos da una palabra clara: Preparen el camino para que sea recto, que su intención sea solamente alcanzar el hogar de su corazón. Déjense guiar por la Voz que resuena en lo más profundo de ustedes mismos y conviértanse de verdad.

La vida de Juan es congruente con su anuncio, pero no está solo. Vivir como cristianos es peregrinar juntos, en comunidad. Cuando el grupo humano es capaz de caminar unido porque se reconoce como hijos de un mismo Padre, la fraternidad se hace creíble. Todos vamos al mismo destino porque nuestro verdadero hogar es el cielo que Cristo nos ha abierto con su venida. Ese cielo que llega cuando la Justicia para los más pequeños de nuestra comunidad existe, que se da si nuestros corazones están listos para donar tiempo y recursos para los pobres, que se comparte cuando el chisme y la envidia no tienen la última palabra, sino la generosidad y la verdad.

¿Quieres llegar a ese hogar verdadero? ¡Transforma tu corazón en ese hogar! ¡No dejes de luchar porque la Justicia y la Paz vivan entre nosotros! ¡No dejes de creer en el Amor aunque la violencia, el temor y la ira te sugieran lo contrario! Así podremos alegrarnos como Pablo porque Dios sigue llevando su obra adelante entre nosotros. ¡Ánimo y abramos el corazón!