La advertencia: ¡no olvidar! Nuestros recuerdos nos regalan identidad, pertenencia, integridad, valor y sentido. Cuando conocemos nuestra historia, las aventuras que nos han precedido, tenemos el coraje para salir adelante, inspirados por el arrojo y el amor de nuestra familia. ¡Hay toda clase de historias que se comparten! En última instancia, ahí radica la grandeza de nuestra humanidad misma.

Coco, película de Disney-Pixar que ha debutado recién en cines, trata sobre el valor de la familia como núcleo que da sentido a la existencia de sus miembros. Nuestra historia personal está trazada dentro de una urdimbre mucho más sofisticada, tensando nuestra existencia. Uno es fiel a su familia, es fiel a sí mismo, es fiel a la raíz de todo: el Amor. Quien vive por el amor triunfa en esta historia, que combina elementos muy mexicanos y algunas otras cosmovisiones para hacerla atrayente a un mercado mundial. El mensaje es claro, no obstante:

Quienes nos aman, nos recuerdan
y así se mantiene un pacto
que rebasa las fronteras mismas de la muerte.

La Tradición que se conserva en mi país relativa al día de Muertos es fuerte. Cada día se va diluyendo más entre la avalancha de otras cosmovisiones, quizás más atractivas en razón de su novedad. No obstante, el núcleo principal continúa: el valor de la familia como pilar del sentido de la persona. Recordamos a nuestras abuelas en la sobremesa de esta noche. Lo que hacían y decían, cómo nos quisieron y demostraron que éramos importantes en sus vidas. La Tradición que se ha ido construyendo en nuestro corazón pasa necesariamente por una o más abuelas sabias que supieron dejarnos lecciones inolvidables. ¡Qué precioso haber disfrutado de mis abuelos!

Hoy, en Roma, Francisco ha recordado a los Escolapios la centralidad de la Educación en un mundo como el nuestro. Una labor que busca nutrir a toda la persona: la mente, el corazón y las manos. ¡Y nos ha invitado a retomar la relación entre abuelos y nietos! Escucharnos en el corazón de quienes acumulan la sabiduría del tiempo es crucial si queremos estar preparados para enfrentar los desafíos de nuestra vida. Ojalá sepamos hallar caminos de encuentro entre generaciones que cada día se ven separadas por un abismo tecnológico que se antoja cruel, irremediable, vacío y oscuro.

Agradezco a los muchachos por compartir el momento conmigo. Coco es una película para ver con calma, digerirla, rumiarla. Uno llora y ríe, se identifica con más de algún personaje, se deja sorprender por las revelaciones del giro final y encuentra un poco de redención y esperanza en la noción central: ¡Recuérdame! Esto lo podemos decir a la siguiente generación porque lo hemos escuchado con el corazón puesto en la generación que nos ha precedido: nuestros padres, abuelos, hermanos…

Quizás posteriormente exista algún escrito con anécdotas de esta historia personal que se remonta más allá de lo que mi propia familia es capaz de recordar vivamente.