En el Camino de Jesús, el signo auténtico del amor es el servicio humilde, generoso, total. Jesús entrega su vida para mostrarnos el gran poder del Amor, que habrá de romper las garras de la muerte. Hoy, alimentamos nuestra esperanza recordando y utilizando los signos y las palabras que él nos legó; hoy Jesús se hace presente en medio de nuestra comunidad.

Descarga

el archivo en PDF

Jesús eligió una cena entre amigos para abrir su corazón por completo. Las circunstancias que hoy nos reúnen aquí, y no en todo lo que teníamos planeado, me hacen pensar en aquella primera ocasión: una cena entre amigos, con el ambiente de cercanía y alegría a pesar del miedo que también podía invadir su corazón. Pienso en nosotros y en quienes se unen a esta celebración desde casa, y puedo entender por qué una cena. Encontrarse con las personas que significan algo importante para tu vida es un bálsamo para el corazón. Jesús nos dice que nos ama y permanecerá para siempre entre nosotros esta noche.

El amor está para salvar. La misión de Jesucristo es hacer presente al Padre entre nosotros. Durante todo su ministerio insiste en que los discípulos sepan, crean y acepten que Dios está cercano y desea tener una relación personal con cada uno de sus hijos. Dios es Padre amoroso y fiel. Él está con nosotros en todas las circunstancias que nos toca vivir. Su vida nos da la Salvación. Si esto nosotros lo vivimos y entendemos que la presencia amorosa de Dios toca nuestras vidas en los más pequeños detalles, hemos comprendido parte del mensaje de Jesús.

El Amor nos descubre lo que es esencial en la vida, lo que vale la pena ser recordado. A partir de la llamada Última Cena, Jesús nos ha llamado a reunirnos en su Nombre, para hacer vivo su recuerdo en nuestros corazones. Celebramos su Vida entregada libremente y pedimos su Espíritu para seguir adelante en el Camino que él nos enseñó. Recordar es vivir, hacer presente. Quien ama verdadera y profundamente, recuerda con intensidad. Para nosotros, recordar a Jesús no significa simplemente contar una anécdota, sino relatar la historia de nuestra propia salvación. Hubo alguien que ha creído completamente en que es posible un mundo lleno de Amor, Justicia y Paz; que fue capaz de entregar la vida por nosotros, para que construyéramos el mundo así.

El amor construye comunidad, reúne nuestros corazones solitarios. Somos como hilos tejidos por una misma mano amorosa que nos ha llamado para ser el Pueblo de Dios. La misión de Jesucristo pasa por establecer una pequeña comunidad. Él los ha elegido, los llamó por su nombre para que conocieran lo más importante sobre Dios: el Amor. Hoy, la comunidad se extiende. Los amigos de Jesús, a quienes nos ha amado hasta el extremo. Para eso nos dejó su Cuerpo y Sangre como pan y vino repartido entre todos. Comulgar significa saber vivir en comunidad, estar dispuesto a entregarse como Jesús.

El amor es total, la entrega de Jesús es total. El signo de lavar los pies señala la importancia del servicio sin reservas: con alegría y amor. Para construir comunidad según el amor de Cristo, para celebrar que su vida nos llena de esperanza y luz, para hacer auténtica memoria de su pasión, muerte y resurrección, y para vivir habitados por la Presencia del Padre, necesitamos servirnos los unos a los otros, con amor y sin fingimiento.

Pienso con amor y gratitud en todos los que hoy entregan la vida para cuidar a sus hermanos hasta el punto de contagiarse ellos mismos. Pienso en sus familias que, con preocupación, miedo, orgullo y nobleza, los esperan en casa. Pienso en quienes deciden sacrificar mucho para quedarse en su casa porque pueden hacerlo y saben que ahí está su contribución a la comunidad. Pienso en quienes no pueden quedarse, se arriesgan porque la necesidad así lo exige, pero tratan de cuidarse lo más posible. Pienso en quienes no tienen un refugio al que llamar su casa, y sin tener a donde ir siguen expuestos a esta amenaza.

Hoy las oraciones de nuestra comunidad están con todos. Desde nuestras familias, hasta los que, sin conocernos, siguen luchando para que esta pandemia acabe pronto. Para nosotros, el camino del Amor es una senda clara y difícil, pero posible. La entrega de Jesús por todos nosotros, que nos ha salvado y ahora nos reúne aquí, nos impulsa a seguir adelante con este sueño que llevamos en el corazón. Ojalá que su Espíritu nos ilumine y nos ayude a ser fieles al Amor en todo momento, sirviendo a los más pequeños.