25.02.2014

¿Cómo mantener la esperanza en medio de un mundo que necesita de un viraje urgente y hay dolor, miseria, miedo e ira; donde parece no haber escapatoria? ¿Cómo mantener la esperanza en medio de un corazón que, por mucho que lucha, no llega más lejos y sigue entrampado en sus mezquinas estructuras? ¿Cómo podemos decir que hay una luz adelante cuando el sin-sentido es el común denominador de los individuos enajenados en la sociedad que avanza cada día más a su propia aniquilación? En esta tierra, en este instante, ¿cómo seguir soñando?

28.10.2016

Nadie podría con sus propias fuerzas hacer algo así. Los corazones que permanecen motivados no lo hacen porque deciden ignorar los fracasos, o porque deciden que la realidad que los circunda no puede determinar lo que hacen. Actuar así sólo podría enmascarar por algún tiempo la desesperanza que ya anida en sus corazones. Negarse a sí mismos la posibilidad de estar en medio de una realidad torcida, que les urge por dentro a no callarse, a no conformarse, a desgranar la propia vida con tal de abonar un cachito, sería tanto como negar su propia identidad.

¡Cuánto dolor! Jer 14, 17-21 hace una descripción de lo que podemos mirar mientras sintonizamos las noticias una hora. Quizás sus términos habían sido distintos, las instituciones que él había conocido son distintas a las nuestras, pero en última instancia, la expresión del dolor que habita en su corazón, de la desesperación, de la contradicción que interpone la realidad a las esperanzas de quien cree firmemente en la bondad de Dios, es la misma. ¿Cómo seguir creyendo cuando la realidad nos empuja a negarnos incluso a nosotros mismos, para apagar un rato el dolor? ¿Cómo seguir esperando cuando los cielos mismos parecen cerrados y no hay sentido en nuestras acciones? ¿Cómo, si quienes esperamos que nos ayuden están fríos, muertos, mutilados, sin entrañas, ni sueños, ni amor?

17.02.2017

La esperanza es un don. Este don nos permite mirar a través del sufrimiento de nuestro mundo, cargado de violencia. Al verlo así, llegamos hasta la doliente imagen y semejanza del Señor, y entre nosotros. Dios está comprometido hasta lo más profundo con el ser humano y sus luchas internas. Su compañía es innegable, pero no es fácilmente perceptible cuando el corazón humano ha dado paso al odio y al resentimiento, a la desconfianza y el rechazo de quien es realmente. Solamente la experiencia de filiación vivida en completa libertad nos permite atisbar un poco lo que se nos quiere decir con “fraternidad”. Quizás el paso más difícil está cuando miramos a la vez nuestro propio dolor y la persona que lo ha causado. Este mundo nos ha cargado de tanto deseo de venganza, que nos enceguecemos ante cualquier otra posibilidad. Jesús no habla de perdón a la ligera. Él tuvo que experimentarlo con toda conciencia, en la cruz (recapitulación de una vida dedicada a la compasión, rota violentamente por quienes prefieren escuchar su propio camino de muerte, antes que la bondad que también podía radicar en ellos) “Perdónales, porque no saben lo que hacen” es tan profunda, que estas líneas no podrían acabarlo. Sin embargo, podemos rescatar un par de puntos muy esenciales: el perdón da lugar a la esperanza (“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”) porque cuando se da verdaderamente, volvemos a la más prístina imagen de Dios y de nosotros mismos, conectados con nuestro agresor en algo que sólo puede provenir de Dios. Además, el perdón da lugar a la más extrema libertad (“Todo está cumplido”) No hay más lazos que romper, no hay más temores ni dudas que presionen al corazón y lo acorralen, y lo muerdan con rabia hasta que renuncie a su propio anhelo. Los temores y las dudas podrán seguir ahí porque somos seres en carencia, pero la esperanza es una actitud de vida frente a toda esa oscuridad. Así, miramos más allá, a través del sufrimiento; hacemos nuestro el dolor de las víctimas, con nuestra presencia confortamos porque las palabras se agotan frente al drama humano, y dentro de nuestro corazón también podríamos guardar un lugar para los victimarios, no ya desde la indignación rabiosa, la venganza, la justiciera palabra de “ya pagarán”. ¿Decimos que es imposible? Para Dios, todo es posible. Es un don.