Hay una canción de León que suena bien y dice mucho, se llama “Sólo le pido a Dios” y en verdad es buena. Ahora Tele-Olmeca la está tocando mucho por lo del conflicto Líbano-Israel. Yo veo las imágenes de la guerra en la televisión y me parece tan lejano, podría decirse que peco de indiferencia para con el problema. Hay, sin embargo, un dejo de corazón que se siente acongojado por todo este problema. En ningún momento y bajo ninguna circunstancia la violencia es permisible y sin embargo la raza humana (está visto) la utiliza a la menor provocación.

Yo no sé bien qué es lo que sucede con esta sociedad globalizada, llena de rencores con su pasado, de violencia interna acumulada, de podrida indiferencia al hermano que vive a nuestro lado. Vivimos inmersos en nuestros propios y egoístas mundos micro-esféricos que nada nos dejan sino soledad. Un pájaro amargo nos vigila esperando el momento justo para devorarnos, al fin, cuando nos demos cuenta de que hemos muerto mucho tiempo ha.

Puede parecerte desesperanzador mi texto, querido lector, pero en verdad me parece que si no hacemos algo, nuestro actuar nos conducirá al fin a un morir-estando-vivos. Y no sé tú, pero yo no quiero morir descubriendo que nunca estuve vivo.

La vida se nos ha dado para amar. Yo creo firmemente que el Amor se constituye en el motor y origen de toda la vida a nuestro alrededor. Y no hablo de “maripositas rosas volando sobre florecitas blancas”. ¡No! Hablo del amor vigente y operante que observamos en aquellos que se aferran a la vida a pesar de su situación terminal; la madre esperando a su hijo para abrazarlo cuando llegue, aunque ya le hayan dicho que no volverá; los hombres que cruzan fronteras malditas persiguiendo un sueño ancestral que sus padres no pudieron conseguir; en los ojos de un niño que miran a su madre pidiendo de comer, los ojos de la madre que responden con dolor profundo que debe esperar…

Tú lo sabes también, amigo lector. Lo sabes perfectamente porque te encuentras cada día con estos auténticos luchadores que no se detienen ante nada ni nadie. Lo sabes porque tú mismo te has visto alguna vez en un extremo de la cuerda y decidiste no soltarte. Por todo eso, ¡vale la pena luchar! ¡Vale la pena vivir! ¡Vale la pena que sigamos estando en este mundo! O como dice otra buena canción: “existe aún felicidad en este mundo que todo lo hace al revés”.

Te dejo mis palabras para que las dejes un ratito en tu corazón. Si te placen… bueno, entonces

¡VE Y VIVE!