Volví a saber de sus pétalos suaves y voluptuosos,
probar la miel sabrosa y la ambrosía de un embrujo

Yo no sé como fue, qué pasó ni por qué. En verdad no quiero saber realmente mucho. Dicen que la ignorancia es la más amable de las desgracias. No quiero tampoco pensar mucho ahora, sólo dejar que lo que llevo dentro mío fluya en un goteo moderado… hasta que ella misma abra mis compuertas con una sola palabra.

El caso es que se dio, como las buenas cosas de la vida, así de pronto. Un momento estábamos hablando, dándonos uno a otro el sabor de la nuez, al otro sólo ambrosía en una lenta danza que encerraba todo el cosmos en un punto.

No fue más que un mágico momento. No fue más que un segundo que avivó un fuego guardado en las entrañas. No fue más que el eco de un poema resonando a través de los tiempos. No fue nada y, sin embargo, dejó más preguntas que respuestas, más deseos de los que calmó.

Ahora, aquí, oyendo a un Delgadillo que no pude ir a ver por mi falta de previsión, escribo todo esto y pregunto: ¿alguien sabe por qué da tanto miedo amar?