Se trata de convertir el interior, el corazón…

«Hoy es un tiempo especial de Gracia», nos dice el apóstol Pablo. ¿Por qué? ¿Con qué intención vienes hoy aquí? Muchas personas cumplen con una tradición que no acaban de entender: ponerse ceniza es un ritual importante, pero ¿tú crees que es importante?

Dios llega a nuestro encuentro hoy mismo. Algo dentro de nosotros nos trajo hoy aquí. Es más, incluso sin que supiéramos cómo, algunos estamos aquí sin saber realmente a lo que venimos. Es importante, pero no sabemos bien por qué. En esa costumbre, en la tradición está también la voz de Dios que nos pide que nos acerquemos a Él «de todo corazón».

Ya estás aquí y Dios quiere todo tu corazón aquí y ahora. ¿Qué te aleja de Él? En mi vida me he cerrado muchas veces al encuentro con el amor de Dios. He pensado que los actos de mi vida están muy lejos de su bondad, que no merezco que me mire, o que me perdone. ¿Sabes lo que he encontrado? Siempre ha sido una cara amable, y los brazos bien abiertos para abrazarme con todas sus fuerzas. Hoy tú estás aquí. ¿Qué respondes?

Este día iniciamos un camino de cuarenta días que nos lleva directo a la Pascua, ¡la gran fiesta de la liberación que nos regaló Jesucristo! El primer paso es abrir el corazón para que lo mire Dios. «Rasgar el corazón» significa también poner lo que sentimos delante de Él. ¡Cuánto llevamos cargando en el pecho y no tenemos cómo desahogarnos! Hoy es el día para hacerlo, para dejar que Dios escuche toda la amargura, el dolor, la tristeza, la confusión y el desánimo. Sólo si confiamos por completo en Dios, Él podrá liberarnos de toda la oscuridad y nos dará vida nueva porque «él es compasivo y misericordioso».

El apóstol también nos dice «no eches en saco roto la Gracia de Dios». Hoy es un día especial para acercarnos al Padre con el corazón abierto, para dejar que su mirada nos cure y podamos amar completamente. Ahí está la Gracia, abierta de par en par. Decir que no, acercarnos sólo por costumbre, cerrar nuestros oídos a la voz de Dios que nos llama insistentemente, es tirar la Gracia, dejarla fuera de nuestra vida. No tengas miedo. Tú puedes ser mejor porque el sueño de Dios para ti es una vida más plena, más feliz.

Hoy venimos al templo para vivir un encuentro de corazón a corazón, que se prolongará por cuarenta días, en los que podremos seguir escuchando la voz de Dios en nuestro interior. No se trata entonces de ser visto por otros, sino por el Padre. No se trata entonces de presumir allá afuera, sino de abrir nuestro corazón completamente al Padre, con la humildad de quien conoce “de qué pie cojea” y busca ser mejor, echarle ganas. Por eso la invitación de Jesús es muy clara: todo tiene que ser en lo más profundo de nosotros, «en lo secreto» es donde no podemos hacer tonto a Dios. Él te conoce y quiere lo mejor para ti. ¿Qué respondes?

Cuando hayas sido marcado con la cruz, acuérdate de Jesucristo. Él vivió su compromiso por ti hasta el final y nos mostró que el amor puede vencerlo todo cuando confía, que nos da la valentía para hacer lo que no pensábamos lograr, que nos da la fortaleza para caminar con seguridad en medio de la tempestad. Somos polvo, sí, porque nuestro corazón es débil también. Vacilamos y volvemos a tropezar y caer. Dios nos conoce. Justo por eso podemos confiar plenamente, porque Él comprende nuestro interior mejor que nosotros mismos, Él nos puede guiar y mostrar caminos nuevos. Convertirse significa hallar nuevos caminos para retomar el camino original. Reformar nuestra vida no es fácil, pero cuando dejamos que Dios toque de verdad nuestro interior, ¡suceden maravillas! No tengas miedo. ¡Ánimo, y abramos el corazón!