Después de aproximadamente dieciséis sesiones semanales de cuatro horas, o el doble en clases que duraban la mitad del tiempo, hemos llegado al final de nuestro semestre. El quinto semestre nos encontró algo diezmados. La carga de trabajo pudo ser mayor, pero la calidad de la respuesta estuvo a la altura. Tras algo más de 350 MB de datos en lecturas, 183 hojas para reciclar y otras tantas usadas por los dos lados, que han cumplido su función, puedo decir alegremente que pasamos la mitad de la carrera de teología. La próxima cita es el nueve de enero del siguiente año, para iniciar el sexto. 

Cuando comenzamos esta carrera, éramos muchos más de los que hoy aparecen en la fotografía. El paso entre cuarto y quinto semestres significó perder a varios de nuestros miembros. Ya fuera por razones apostólicas, o los misterios de la formación inicial, o bien sólo porque su etapa en la comunidad religiosa a la que pertenecían llegó a su fin, terminamos siendo nueve elementos básicos. Tuvimos la visita esporádica de tres hermanos que se agregaban a nuestro grupo para algunas asignaturas: Sergio, Pedro y Antonio. Así, en algunas ocasiones llegamos a ser hasta trece, si contamos las pocas veces en las que una hermana religiosa nos acompañaba a la clase de Misionología.

Las clases que más nos hicieron trabajar, como ya era previsible, fueron Profetas, con el profesor Cano; ética sexual cristiana, con el profesor Jorge D., y con David B., Dios Uno y Trino. La sorpresa del semestre fue trabajar con Alberto Anguiano, quien nos ofreció el contraste necesario para tener un panorama mucho más equilibrado en nuestra formación teológica. Un temido examen, sí, que al final resultó un ejercicio interesante para ambos lados: maestro y estudiantes. El trabajo con el profesor Pascual nos permitió profundizar en ciertos aspectos de la teología detrás de los sacramentos. Curiosamente, también en esa materia trabajamos incluso a marchas forzadas, en ocasiones.

El trabajo se cargó, como dije, incluso hasta el punto de sacar más de un trabajo para una sola materia de un día a otro. Aunque en la mayoría de los casos tuvimos alrededor de una semana para realizar las tareas, es bien sabido que a veces es mejor trabajar bajo presión. Éramos menos, así que realizamos más trabajo, con mayor frecuencia. También el nivel de las lecturas ha exigido un poco más de nuestro análisis, pero reconozco con mucho agrado que la calidad de nuestros reportes de lectura, las actas de las sesiones, las exposiciones y la participación en clase ha ido en aumento. ¡Se nota el trabajo previo!, como nos dijo uno de los profesores.

Puedo decir con mucho gusto que los profesores quedaron tranquilos, contentos; somos un grupo que ha sabido reconocer los lugares y momentos para equilibrar el bullicio y la concentración, la broma y lo serio, los festejos informales y el sacrificio de recesos por una causa justa. Los profesores lo notan; y entran en el juego, también, reconociendo que podemos alternar los momentos de ocio y el trabajo intenso. El grupo va desarrollando una personalidad alegre, fraterna, solidaria…

En medio de todos, desempeñando una función de representante grupal, a la vez que de gestor de los recursos bibliográficos y las tareas, estoy yo. El uso de la tecnología nos ha permitido crecer en la rapidez para gestionar nuestras sesiones, además que nos deja un margen de acción incluso al momento de la clase, por si nos agarran las prisas, para hacer alguna tarea, o reporte. Todavía deben pulirse una serie de pequeños detalles, pero hasta ahora se ha desarrollado con mucha efectividad. Me da gusto que un talento y gusto personal sean de ayuda para mis compañeros.

Somos un buen grupo, y espero que los lazos de fraternidad, que se van formando en este tiempo, puedan ir madurando y adquiriendo la solidez de la amistad que encuentra en el otro un eco de la propia vocación que sigue incitando una respuesta, en la que los miedos y las inseguridades adquieren su justo sitio cuando se comparten. 

Foto del grupo con el profesor Pascual

Grupo de quinto semestre teología

En la rectoría de la Santísima Trinidad, Nochebuena 58.
El 30 de noviembre de 2016.
De izq. a der. Arriba: Jorge, Pedro, Antonio Celaya, Rey Arturo, Otilio Ramón,
Carlos Arturo, Guadalupe Antonio, Roberto Emmanuel y p. Pascual.
Abajo: José Guadalupe y Julio César.