Seamos Luz

por | Feb 3, 2020 | Dabarim, Recursos

El dos de febrero celebramos una fiesta luminosa e incluso utilizamos velas para recordarnos cómo Dios es nuestra luz y salvación. Una pareja joven llega al Templo para cumplir con lo que manda la Ley de Moisés, pero lo que escucha es completamente nuevo. Un par de ancianos que han esperado toda su vida, sin más certeza que la voz de sus corazones, anuncian la llegada del Siervo de Dios. Y un niño pequeño, al que todavía le falta aprender mucho, es presentado como la Luz de todos los pueblos de la tierra.

¿Qué significa hoy para ti todo eso? A veces nos parece que las historias que nos cuenta la Palabra de Dios están ya en el pasado, fuera de nuestra realidad y que no alcanzan nuestra vida.

A mí me resulta bastante interesante lo que he escuchado este día. Por un lado, tengo frente a mí a dos personas cuya experiencia de vida les podría haber amargado o entristecido. Están en el final de sus días, al cierre de una vida transcurrida en la opresión que otros ejercen sobre ellos, sus familias y su pueblo. Pero, a pesar de su edad, son capaces de hallar el rostro de Dios en la pequeñez y la ternura de un niño. Y tú, ¿dejas que la vida te sorprenda todos los días? ¿Descubres el rostro de Dios incluso en las situaciones más complicadas, estresantes, agobiantes u oscuras?

Luego, tenemos a la joven pareja cuyo hijo está siendo presentado en el Templo. Están asombrados por todo lo que escuchan de este hijo suyo, no se alcanza a entender cómo será posible que se cumpla cuanto se ha dicho del niño, pero las palabras están ahí. Y yo, ¿cómo me siento mirado por Dios? ¿qué dice el Espíritu de mí, de mi vida, de mis sueños y mis temores? ¿Le creo a Dios, creo en su Plan para que yo alcance la felicidad en una vida de servicio y amor?

Cuando nuestro mundo interior se encuentra sumido en las tinieblas de nuestro miedo, inseguridad, enojo, rencor o egoísmo; es el momento para recordar la chispa de divinidad que guardamos dentro. El día del bautismo, nos dieron el más hermoso regalo: la vida de Dios. El Espíritu Santo habita en nosotros y siempre busca la forma de animarnos, de llevarnos por los caminos que favorezcan un encuentro profundo y personal con Jesús, el Salvador.

Dios nos ha regalado su Luz para que no andemos entre sombras y tinieblas. Nos ha dado su Luz para que nuestra vida sea un signo poderoso del poder del Amor y que transformemos este mundo en un lugar mejor cada día. 

Es verdad que no se trata de una tarea sencilla, pero cada vez que la oscuridad se acerque a nuestro corazón, recuerda que tú vives y sigues a Cristo, que es Luz. Ojalá que su amor te conceda la capacidad de asombro de Simeón, la persistencia de Ana, la atenta escucha de María y José. Pero, sobre todo, que logres crecer siempre en Gracia de Dios para que quienes te conocen y tienen relación contigo, descubran que dentro de ti habita el Espíritu de Cristo.