Santa María… creo que ya se acabó el semestre y yo ni por enterado. Ja, ja, ja.

Este periodo estuvo de locos, sobre todo por lo que me tocó pasar en Siberia. Y tú me dirás, ¿qué es Siberia? Pues bien, al inicio de semestre me encontré con la peregrina noticia de que mis queridas amigas estaban haciendo su servicio social por adelantado; así que me comencé a preocupar un poquillo. Una mañana, Ale llegó con una disyuntiva: Ana le había pedido que la ayudase en unas ciertas labores propias de la administración escolar, mi amiga no sabía si aceptar o no. Le dije que sería una buena oportunidad, que no tenía qué perder… Con el tiempo, la misma Ale me tiró un cabo y acabé enrolado en las labores antes dichas.

¿Qué hago en Siberia? Pues aunque hay más información que no debe/puede ser revelada en estas líneas, a grandes rasgos mi labor consiste en ir actualizando nuestra carga de trabajo administrativo. Es decir, todas aquellas ausencias de información que por desidia, apatía o vicio se crearon en administraciones anteriores están cubriéndose ahora. Kardex, expedientes y otras cosillas. Aparentemente no requiere de grandes esfuerzos, pero la falta de información, datos o respaldo convierte la faena suave en un yugo agobiante algunos días. El trabajo ha ido saliendo.

¿Por qué me quedé ahí? En buena parte por amor al arte, como decimos aquí en México. Es una especie de deber moral el que me impele a seguir yendo y a trabajar lo más eficientemente posible para sacar adelante los proyectos que caen en nuestra pequeña oficinita-bodega. Además ha sido una buena oportunidad para probar al “8” que llevo dentro. En algunas ocasiones he tenido que coordinar nuestras faenas para obtener el mejor rendimiento. A veces funciona, otras no… pero lo importante es que me demuestro mis facultades, potencialidades y limitaciones.

Ha sido agradable conocer más de cerca a otras personas. Anita, a la cabeza, quien es nuestra secretaria y a quien ahora puedo llamar “hermanita” de vez en cuando. Fabiola y Claribel, dos estudiantes recién egresadas que están procurando no sólo por la escuela, sino por su generación, para sacarlas lo más pronto posible y de la mejor forma. Yuli y Monse, dos compañeritas que están en sexto semestre -igual que yo- y que ayudaron lo mejor que sus ocupaciones les permitieron. Y claro está, la bendita Alejandra, a quien considero como mi brazo derecho en las labores de la oficinita. Estoy seguro de que cuando me vaya, ella sabrá qué seguirá.

Así me pasé la vida este semestre. En las mañana iba a las clases, en las tardes me quedaba para sacar el trabajo de Siberia. En la noche -a veces- llegaba a casa a comer… o a terminar de comer, porque debo reconocer que allá nos alimentaban. (jaja… se oyó feo) Los fines de semana entregado al coro y haciendo lo mejor que pude con las tareas, trabajos y exámenes. Debí ser biónico… creo. 🙂 jaja

Hoy me siento feliz y satisfecho de este semestre. Cuando aún faltan por contar tres materias, estoy muy cerca de tener un excelente promedio. Le he dicho a Alejandra que los números son mera vanidad… pues bien, este semestre me propuse ser vanidoso y sacar un doble dígito en mi Kardex. (Bueno, lo tendré cuando lleguemos a esa instancia) Estoy cerca de conseguirlo.

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–Ya conocí a mi pareja (de la beca, no se emocionen) y me ha caído muy bien, creo que haremos buenas migas. Se llama Dora (no se parece al personaje de caricaturas) es de Salina Cruz -según vi de reojo en ficha- y vive con una chava de Miahuatlán a quien probablemente conozca… Ja, el mundo es un pañuelo. Es miembro del C. Técnico también… Tiene ojos bonitos–