En lo dicho: mi día de acción de gracias fue puramente en español. 

No pienso narrar cuanto aconteció … mucho bla bla blá y nada de acción, luego me dicen que mis entradas son largas hasta el cansancio. De ahí que me quedan algunas simples reflexiones que apuntar, con la mera finalidad de que no se me vayan a olvidar alguno de estos días.
En primer término, mi familia anfitriona ha sido un bastión importante, yo diría que vital, en la transformación que he sufrido después del 6 de noviembre. Es en gran parte gracias a ellos que yo pude aguantar estas semanas y no agarrar el primer avión que volara a México. Pero, ¿qué tienen de especial la familia García? Son varios aspectos. 
Víctor es músico, compositor, y le gusta la música mexicana. Nos hemos entendido mucho muy bien gracias a eso, hablamos un mismo lenguaje respecto a la música y, de hecho, he podido aprender más de tres cosillas por él. Además, tiene el mismo carácter alegre, jovial, dicharachero e inventivo que nos caracteriza. 
Heather es realmente amable y adorable. Hace una mancuerna maravillosa con su esposo. Se muestra alegre y jovial en el CIP -donde trabaja- y también en casa. Fue la primera que se enteró de la noticia y, según las costumbres de aquí, hizo lo más posible por consolarme y hacerme saber que no estaba solo en este lugar.
Las niñas son una bala. Yo no tuve hermanas menores, mi sobrina y yo nos alejamos por varias circunstancias hace tiempo, mi ahijada está muy pequeña: las hijas de la familia García son una bendición que me recuerda que aún queda esperanza. Son muy receptivas, inteligentes, amables… poco a poco me he ido acoplando a sus formas de ser. Las quiero mucho.
De ahí, pues, que haya tenido el apoyo de esta familia y que, gracias a ese apoyo, me haya encontrado un consuelo y una distracción en esta situación.
Ahora comprendí mucho del porqué a mi padre le gustaba el micro y cantar. Se siente tan rico juntarse con gente aficionada a la música y levantar un muertito. Cuando me vi tocando la guitarra, en un rincón de la sala, e intentando cantar y acordarme de una letra que casi nunca canto… sin la presión de recordarla, simplemente por el gusto de seguir la bulla. Me gustó mucho. 
Ah, las personas suelen cambiar como veletas en un tiempo tan borrascoso como el que atravesamos. Decimos todo y nos falta coherencia, integridad, honestidad, valor. Hoy también llené mis ojos y mi mente de eso. Como hace tiempo no me ocurría. Creía conocer un poco más a Dora, sé que no es así ahora, sé que -gracias al cielo- las personas nos muestran facetas impensables y se destruyen a sí mismas ante nuestros ojos incrédulos y estupefactos.
Oh, cuánto heredé de mi viejo querido. Este afán de desquite de formas realmente insulsas que a veces rayan en lo ridículo, pero que nos satisfacen. Caen porque caen, morderán el polvo… Como buena gente, tú puedes contar conmigo para lo que te plazca y conquistamos la montaña. Pero si me quieres ver la cara de imbécil, y por de malas me doy cuenta, lo más probable es que aguarde el momento y la forma para hacerte saber que mis ojos estuvieron donde no pensaste y mi mente voló hasta donde no creíste. A los míos nos hierve la sangre ante estas jugarretas estúpidas e hipócritas que nos ocultan de los demás. (¿dolosamente?)
Día de acción de gracias es tan grande para los estadounidenses como Navidad. Alguien me dijo que tal vez más, si consideramos que sólo los cristianos festejan ésta última. La fecha inaugura la época navideña de consumismo en los Estados Unidos y reúne a las familias en torno a una mesa para hacer memoria de un accidente histórico que puso a un puñado de hombres blancos ante una generosidad que no supieron recompensar, y a unos hombres rojos ante la arrogancia de quienes creían seres superiores e inhumanos. (Sólo acertaron en lo último) Pero bueno, como dice el viejo adagio: “A la tierra que fueres…”