Remontarme a las ideas que antes parecían perfectamente conectadas, para darme cuenta de que ¡hasta he repetido un subtítulo! Muy bien: es la hora marcada para la ¡¡Revisión!! 

[11:00 p.m.] Vamos a comenzar: ponemos música agradable que nos ayude a pensar, dejamos el escritorio limpio de casi toda distracción posible, miramos las notas que con prolijidad hemos hecho después de la exhaustiva lectura del texto y, entonces… Un renglón, otro renglón, “esto no iba aquí”… acomodar de nuevo no una sino varias veces, hasta obtener el resultado deseado. ¡Muy bien! [11:50 p.m.] ¡Pero si sólo fue organizar lo que ya tenía escrito! Todavía me falta escribir lo nuevo… miro las notas, llevo apenas la mitad de la primera hoja de seis en total; miro el libro, no es ni siquiera la tercera parte del volumen. Sin embargo, me aferro a la esperanza de alcanzar, al menos, una migaja de sueño –porque no tengo café y no estoy preparado para un desvelo más, me digo. Miro ahora el reloj. [12:20 a.m.] ¡Si nada más estaba revisando cómo iba! Bueno, bueno… ¡seriedad! Vamos a empezar a escribir. …¿dónde iba? ¡Ah, sí!

Todo fluye. No cabe duda que la entrada de la madrugada es para mí la mejor hora del día –o de la noche, mejor– para el trabajo creativo-reflexivo. [1:35 a.m.] los dedos se deslizan casi al compás de la música de J.S. Bach. El tipo era un genio, mira qué belleza, qué armonías, y con qué simpleza componía… ¡concéntrate! Sí… “la ley moral…” [2:45 a.m.] ¡¡Necesito un descanso!! No quiero agua y, considerando la enfermedad que ronda en la casa, no es aconsejable fumar en este momento. Se me olvidó comprar una coca… ¿y si pongo café? Eso toma tiempo: quiero dormir. Un segundo nada más, un pestañazo. ¡No, espera! ¿y si te vas de largo? Apenas vamos adelante de la mitad del texto. [3:28 a.m.] Terminamos la parte más específica. Lo demás lo tengo hasta escrito en pequeñas tiras adhesivas en el canto del libro. Es cosa de seguir el guión y explicar las citas que vaya insertando. He recuperado el segundo aire. ¡Qué bárbaro! –cada vez más lejos mi pequeña migaja de sueño. [4:39 a.m.] Ahora sólo faltan los postulados. ¡Rayos! ¡Cómo me gustaría ese café en este momento! Del sueño, ¡ni hablar! Creo que ahora nada más haré una larga y entretenida paráfrasis… sí, así sin citas. No, mejor sí pongo un par –pero muy cortitas, eh. ¿Y la música? ¿a qué hora dejó de sonar que ni cuenta me di? Bueno, vamos a poner algo más. ¡Ray Charles! Bien. [5:09 a.m.] Esto me recuerda tanto a “K”… ¿cómo cierro? ¡ah, ya sé! ¡La cita del epitafio para rematar esta materia! ¡Vaya… aunque laborioso, esto fluyó sin obstáculo! … supongo. Mis ojos se cierran. [5:15 a.m.] Al menos veinte minutos de sueño, con eso tengo para que no me duerma en misa. ¿Y si mejor no voy a misa? ¡No! Luego en el día, ¿a qué hora iría, o dónde? No, no, no… acabamos de escribir lo del sentimiento moral y míranos. Bueno. Me recostaré un rato y luego me levanto para ir a misa. ¡Ya acabé! …zzzz

Segunda materia: terminada y esperando impresión. [9:27 a.m.] Ya está impresa, esperando revisión. Al rato veré a mi asesora. Siento los ojos como hinchados y mi cabeza da vueltas. Me compraré un gatorade ® para compensar un poco. ¿eso no es para los crudos y los atletas? No. ¿Sí? ¡Ay, bueno, no lo sé! ¡Me debo mi café, pero ahora es muy tarde para él, así que mejor el gato éste! [9:50 a.m.] Biblioteca UIC. Saco el libro sobre la filosofía de la religión. Sí. Hay que empezar a pensar en la tercera materia. 

Esto no se acaba hasta que se acaba.