Hoy yo quiero a todo el mundo y el mundo me quiere a mí. Ando recomenzando un viejo vicio que hace años no me asaltaba. Terminar uno y luego comenzar el siguiente… como una compulsión tremenda de la cual difícilmente pudiera huir. Es superior a mis fuerzas, me seduce, me envuelve, me pierde mientras el mundo gira con su peculiar psicodelia en torno a mí.

Este semestre ha venido a ser toda una vuelta a los orígenes. Mis antiguas reminiscencias se refrescan con los nuevos productos que estoy probando. Exquisitos, refinados, suaves y delicados. Sus restos quedan revoloteando muchas veces en mi cabeza, mientras observo como se alejan sus fantasmas blancos de mi rostro, girando en una danza mortecina que vuelve a la carga con cada nuevo jalón.

Los libros, mis queridos amigos. Uno tras otros, con sus letras me abstraen cuando me sumerjo en ellos, rendido ante el encanto de sus voces calladas y mustias. Ah, ¡qué diéramos por quedarnos ahí un rato más!

Ahora ando con esa onda… así que si me ves con un libro en la mano y no te pelo, no es mala educación, es que no quiero ser descortés con mi acompañante y dejarlo hablando solo. Ja, ja, ja.

-por cierto, querido lector, qué pasa con nosotros y los libros, ¿eh?-