Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de perdidos/desconectados.
Albert Einstein
Desde hace una semana, en que perdí mi teléfono, he vivido “incomunicado” del mundo exterior, sobre todo del mundo virtual. El iPhone se había convertido en parte del ritual cotidiano: abrir el facebook, revisar el correo, tener las lecturas de la clase en mi dropbox; alarmas diferenciadas para cada día, una grabadora de bolsillo para los momentos de inspiración y una cámara para cuando la vida se mostraba en su esplendor. Además, era bastante cómodo cargar con un poco de música por aquí y por allá.
Ahí estriba la dificultad de esta semana: comodidad. Es fácil adaptarse a una vida que está resuelta con un aparato que todo lo organiza, que todo lo recuerda –siempre que se lo pidas– y que es capaz de comunicarte virtualmente con todo el mundo. Yo ya estaba amoldado a este tipo de vida, a este trajín. Se me hacía normal e incluso deseable.
La pregunta en esta semana fue, entonces: ¿Es en verdad indispensable? Descubrí que no… tal como lo veo, me había acostumbrado a este modo, pero no era mi esencia, no era algo sin lo cual no pudiera seguir andando el camino. ¡Fue un gran alivio descubrirlo! Más allá de que la incomodidad me resultara por momentos desesperante, hallé que mi corazón estaba contento y en paz con lo que sucedía.
Lamento haber llegado tarde a la oración de los días lunes y sábado; sin embargo, es una falla que puedo perdonar si consideramos que me estaba adaptando. Espero poder levantarme temprano esta semana.
Sé que en esta semana iré por un pequeño y sencillo aparato celular: algo que me permita hacer llamadas y mandar mensajes SMS. No pido más. Creo que no necesito más. Mi correo sigue funcionando y mi facebook sigue siendo el mismo. Es decir: ¿qué cambió realmente? Sólo la forma, sólo la frecuencia, sólo el medio; pero a fin de cuentas sigo ahí, en la virtualidad que me permite compartirte estas líneas, querido lector.
Ya contaré y mostraré lo que me compre después. Tú juzgarás.
Hermano, me platicaste de lo tu teléfono, ¡que mal plan caray! Pero creo que sí has perdido algo; que no es necesario, ni mucho menos, indispensable, pero vivimos en un mundo apresurado, ya lo dices «la forma, la frecuencia, el medio» el híbrido, entre actitud y la vida del día a día. Creo que necesitas no un iPhone pero sí a Android. 🙂
Un abrazo.