El pasado 10 de enero, en la capilla de Cristo Rey, en Celaya, Guanajuato, nuestro hermano Federico Ávila Piña emitió su profesión solemne. La comunidad del juniorato tuvo el privilegio de asistir y acompañar a Federico, cantando la misa y apoyando con algunas otras comisiones.

Una experiencia así es siempre brillante y festiva. Los padres Luis Ignacio Brito y Alonso Báez nos recibieron con mucha alegría. Federico, con su carácter apacible, estaba tranquilo, esperando la hora de la celebración. Poco a poco fuimos llegando a la cita: primero algunos juniores, luego los prenovicios con el P. Francisco Anaya y finalmente los juniores que, por estar más cerca de Celaya, volvían de vacaciones esa misma mañana. También nos acompañaron padres escolapios de otros lados: el P. Fernando Hernández, asistente general; el P. Baltazar Sánchez, desde Nueva York; los padres Eduardo Bonnin, Carlos Martínez, Rafael Hernández, José Luis Sánchez y Cristian Gutiérrez.

Al fin, un poquito después que el reloj de la capilla marcara el mediodía, comenzó la celebración Eucarística. Presidió el P. Emmanuel Suárez, concelebrando los padres Luis Ignacio Brito y Fernando Negro, provincial de USA/PR. Este último, llegado el momento, recibió los votos solemnes de nuestro hermano Federico. Además, nos dirigió una homilía muy bella. ¡Incluso llevó unos dibujos! Uno de los momentos más emotivos fue cuando Federico fue recibido, con un abrazo, por cada uno de los escolapios que había en la capilla esa mañana.

Además, nuestro hermano estuvo acompañado por su familia: su padre, sus hermanos. En la celebración recordamos a su mamá, que ya ha llegado a la casa del Padre. Y el padre Negro reconoció el papel que su familia, en especial su hermana, había tenido en su vocación. Al fin, lo que empezó en casa, Dios lo lleva un paso más allá. La profesión de Federico es, a la vez, cima e inicio.

Después de la Eucaristía, la comunidad de Celaya nos recibió muy amablemente para compartir los alimentos. Las señoras, apoyadas por los muchachos de la comunidad nos sirvieron la comida y estuvieron muy atentos a que nada faltara a nadie. Mientras comíamos, un artista de la colonia Santa María nos deleitó con su don para tocar el piano. Luego, llegó un animado mariachi que nos complació con algunos temas e incluso hizo que varios cantáramos, o por lo menos echáramos algún grito.

Así como llegamos, los hermanos escolapios nos fuimos marchando al término de la comida, sin dejar de felicitar una vez más a Federico. Aprovecho el espacio para agradecer de nuevo a la comunidad de Celaya que nos recibió.

No cabe duda que una experiencia como ésta nos sacude, nos brinda alegría y renueva la ilusión. Ver a un hermano, que como nosotros ha sido llamado a seguir a Jesús, entregar su vida entera nos interpela, nos recuerda que vamos caminando y poco a poco vamos clarificando lo que Dios busca de nosotros. Mirar cómo Dios ha actuado en su historia personal, lo ha llevado de la mano a través de los acontecimientos y sus decisiones, hasta materializar el deseo de seguirlo, que ha puesto el mismo Dios en lo profundo de su corazón, a través de la Profesión Solemne. Por esto, damos gracias al Señor por Federico, su vocación y su entrega en medio de los hermanos. Rogamos porque Él sostenga sus luchas: aumente su fe, aliente su esperanza y anime su caridad; que su vida se multiplique y llegue, como él mismo lo dijo al final de la celebración: “a la santidad”.