Después del plenilunio
te encontraré en las ramas
que se mecen por el viento profundo..
.

Te agradezco Señor,
por ser mi amigo,
porque siempre conmigo
cantando estás

El perfume de flores,
armoniosos colores,
y el mar que murmura
tu nombre invocan.

Escondido Tú estás
entre verdes montañas,
entre campos de fiesta,
en el sol al brillar.

En la sombra que abriga,
en la brisa amiga,
y en la fuente que corre
ligera y cantando.

Te agradezco también
porque en la alegría,
y en el dolor, cada día,
te puedo encontrar.

Cuando el dolor me consume
murmuro Tu nombre
y, aunque sufriendo,
yo puedo cantar.

Te agradezco, Señor.

Tomado del libro «Encuentro», Ignacio Larrañaga OFM