Vamos por partes. Parecería que toda nuestra formación lleva a estos tres momentos cumbres y que nos permiten mirar todo desde una perspectiva distinta: la profesión solemne, la ordenación diaconal y la presbiteral. No obstante, el torrente de emociones que viví este fin de semana pasado ha sido algo único, que solamente puede explicarse desde el corazón agradecido de quien contempla cómo su vida ha sido tocada por la mano de Dios desde antes de haber venido al mundo.

Diaconía II

por Ene 30, 2018Aventura Escolapia, crónicas, Experiencias

Comencé la mañana con mucha alegría, y bien temprano porque fui a traer a mi hermana y mis tías que llegaron a la ciudad a las siete. Ya en casa, desayunamos con los hermanos prenovicios y el padre Carlos. Luego, fuimos a la casa provincial. Todo estaba listo… y el corazón me latía fuerte, alegre.

Con esperanza, después de comer, pensé en escribir estas líneas, pero estaba muy ajetreado, conmovido y faltaba vivir el centro de todo. Así que decidí esperar. Me alisté para ir al templo.

Ultimamos detalles y esperamos la llegada de ciertas personas. Yo estaba cada vez más nervioso y en realidad saludaba, me alegraba; pero el corazón me latía más fuerte con cada hermano y hermana que me sonreía o me felicitaba… cada uno era un recordatorio de que ya se acercaba el momento.

Desde antes de que nacieras…

La procesión de entrada tuvo una anécdota curiosa: ¡no sabía dónde debía colocarme! Pero recibí ayuda felizmente. Sabía que al comenzar la misa, yo me concentraría en ella, más allá de lo que pudiera haber quedado suelto, o lo que hubiera que arreglar después…

Escuchar mi nombre y el epíteto: “religioso escolapio”, y decir “presente”… con la consiguiente mirada de complicidad después del “¿sabes si es digno?”, han sido momentos que atesoraré en la memoria. Si el nombre nos da identidad y revela algo de quiénes somos, espero que mi nombre sea un signo de alegría para quienes me rodeen.

La homilía es digna de que la transcriba. Sólo diré que Mons. Crispín dijo las palabras justas para el momento que vivíamos; que lloré en un par de ocasiones: una de alegría y otra de nostalgia. Después de todo, eran las dos grandes emociones que me desbordaban esa noche. Si Dios ha pasado por mi vida y ha mirado mi corazón con la profunda misericordia de quien sabe más de mis honduras que yo mismo, ¿qué más puedo hacer sino seguirlo? Ya vendrá un post más adelante con la homilía.

La letanía

El Obispo había dicho que era el momento íntimo que tendría con Dios. Lo escuché y decidí que podría hablar con Él en ese instante para decirle dos cosas:

1. Soy tuyo porque así lo hemos querido Tú y yo, no me queda más que rendir mi corazón a un amor que me rebasa.

2. Me vivo en una mezcla de miedo y esperanza, de gozo y nostalgia. No tengo mucho qué ofrecer y parece que no deseas ni más ni menos. Aquí estoy… hágase, pues.

La imposición y oración

Creo que solamente hay una o dos fotos de la imposición de manos. Es curioso porque ha sido el momento que más me llenó de toda la celebración. Se hace en silencio, ¡sólo Dios sabe lo que palpita en nuestros corazones!

La oración tiene un momento en que se invoca la presencia del Espíritu Santo. Yo recordé el 23 de mayo de 1999; también de noche. Algo me dijo en mi confirmación que un día, otro obispo invocaría la fuerza del Espíritu…

¿Y el resto?

No hubo ensayo que me hubiera preparado para lo que siguió. No solamente era “un rito de la liturgia”, sino ir paso a paso en una nueva forma de vivir la Eucaristía.

Saber que no estaba solo, volver la vista y reparar en los niños de la catequesis, los jóvenes, los padres, mi familia entera… le dio un sabor cercano, e incluso íntimo.

La promesa se hace presente, se acerca lo suficiente para animar mi corazón; y se aleja lo suficiente para que no me pierda.

He escuchado comentarios de personas a las que les gustó la ceremonia. A mí me llenó de alegría cómo se dio todo.

Un canto sobre el deseo de estar siempre cerca de Él.

El link para el álbum de fotos en Facebook.

Varios de mis hermanos han mandado mensajes de ánimo y felicitación. Sé que esto apenas inicia…