encuentros

por Abr 15, 2018Dabarim

Nuestro encuentro con Jesús resucitado sucede todos los días. Luego de que Pedro tuvo tanto miedo hasta negar a su Maestro, se encontró con él. Esto lo transformó y fue capaz de dar el testimonio valiente de toda su vida, proclamando ante quien fuera que Jesús estaba vivo porque el Padre lo había resucitado. Luego de reconocerlo al partir el pan, los dos discípulos de Emaús vuelven a Jerusalén para contarle a los otros todo lo que han vivido al lado de Jesús. Los discípulos no caben de asombro, de miedo, de alegría: ¡debió ser una gran mezcla se emociones aquella noche!

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Jesús se presenta en medio de ellos, los calma, les muestra que es el mismo a quien ellos conocen, con quien ellos han vivido todo este tiempo. Y el encuentro se sella en la mesa –otra vez– con un pescado asado. Los discípulos no lo reconocen, o creen ver un fantasma: parece que es Jesús, pero ¿podrá ser cierto? En medio de toda la tristeza, la decepción, el miedo y la duda, ¿Jesús está en medio de nosotros? ¡Vive!

No siempre es fácil reconocer a Jesús en medio de la vida y su rutina. Sobre todo cuando nuestras preocupaciones nos agobian, el dolor y el rencor ocupan nuestro corazón, o la duda sembrada hace tambalear nuestra confianza. Necesitamos volver a esa dinámica de encuentro con Jesús: que Él nos calme, que inunde de alegría nuestra vida cotidiana, que acepte aquello que tenemos con nosotros y lo transforme con su Vida para que seamos testigos de Él en medio del mundo.

Decir que Jesús está vivo significa que nos hemos encontrado con Jesús. Todos los encuentros con Él fundan nuestra experiencia más profunda del significado de nuestra vida, y nos animan a vivir como auténticos testigos de la esperanza. Después de todo, Jesús sigue enviando cada día hasta nuestra vida testigos suyos que nos alientan con una palabra amable, un gesto de ternura, una sonrisa, con su presencia. Jesús sigue saliendo a nuestro encuentro todos los días porque es fiel a su amor.

¿Y nosotros?, ¿Somos capaces de ser fieles en nuestra respuesta? Como los discípulos en Jerusalén aquella noche, tenemos más de una vez el corazón ocupado con los temores, las angustias, los enojos o los rencores de cada día. Cada noche nos vamos a la cama con mil y un asuntos pendientes en el corazón. Pero cabe hacernos dos preguntas al final de la jornada:

1. ¿Dónde puedo encontrar a Jesús en medio de mi día? Tal vez hoy tuve un día pesado, horrible; me he quedado sin ganas de levantarme mañana para encontrarme con aquellas mismas personas, o circunstancias. Tal vez hoy tuve un día complicado por todas las responsabilidades que tengo que cumplir; hasta he olvidado por qué lo sigo haciendo. Tal vez hoy me quedé esperando a que alguien cumpliera mis deseos o expectativas y no ha sucedido así, al contrario, parece que a propósito me han hecho daño. Y en medio de todo aquel caos, Jesús ha caminado contigo. ¿Puedes creerlo?

2. ¿Las personas que me rodean han encontrado a Jesús en mí? Justamente por las mismas circunstancias de arriba, tal vez hoy no he sido la mejor versión de mí. Pero aún ahí, Jesús ha salido al encuentro de otros a través de mí. Nunca olvides que estás llamado a ser un signo de esperanza para tus hermanos y hermanas, sobre todo los más pequeños. ¿Puedes creerlo?

Creo que si nos hacemos estas dos preguntas viviremos más agradecidos por la presencia de Dios entre nosotros, nos animaremos a ser mejores y crecer. Tal vez tú podrás creer con más fuerza que Jesús está vivo y late en tu corazón.