sarmiento

por | May 1, 2018 | Dabarim

Cuando nuestras vidas están sostenidas por el amor, nuestro corazón es capaz de hacer  milagros. Jesús nos ha mostrado un camino lleno de gestos, palabras y obras inspiradas en el amor a los demás. Nos invita a vivir igual que Él.  ¿Quieres saber cómo ser feliz? ¿Quieres ir por la senda de la vida? Hoy Jesús te llama para permanecer unido a Él.

Es como una planta de uvas, dijo Jesús; pero creo que puedes pensar también en un árbol frutal. ¿Cuál es tu fruta favorita? ¿Qué encuentras en ella que te gusta? La dulzura de la fruta, su textura, sus colores, los matices que cada una tiene y la hacen especial… Piensa en todo lo que haces diariamente y date cuenta que, cuando estamos conectados al Amor, vamos por la vida repartiendo nuestra propia dulzura. ¡Qué hermoso sería que todos pudieran gozar y saborear nuestra presencia en un dichoso encuentro! Seamos ese tipo de personas que nos alegra encontrar. Cuando estamos unidos al amor damos fruto.

A veces, cerramos nuestro corazón al amor. La tristeza, la ira, el miedo nos llevan a desconfiar de la palabra de Jesús y rompen nuestra relación con Él. Cuando estamos lejos de la fuente de la vida, somos iguales a las ramas enfermas de un árbol, a las que no llega la savia: nos vamos secando por dentro. Un día, despertamos llenos de amargura, de dolor, y nos dan ganas de que todo terminara de una vez por todas. Es porque no cultivamos el lazo,
la relación con Jesús. Dejamos que nuestra propia vitalidad se ahogara en la rutina, el dolor y el desencanto, hasta que no queda nada más que un sarmiento seco, que es echado al fuego.

¿Qué hacer si nos encontramos en esa situación? ¿Será que ya no hay remedio? Yo sé que siempre queda esperanza para quien se atreve a mirarse tal cual es. Cuando vemos el fondo de nuestro propio corazón, cuando nos dejamos alcanzar por la mirada del otro que nos acompaña en el camino, cuando abrimos la mano pidiendo ayuda, Dios responde. Abrir el corazón es nuestra decisión; derramar amor a manos llenas es la vocación de Dios.

Si hoy tú te encuentras apesadumbrado, solo, triste, desesperado, ¡no te rindas! Recuerda la fuente de amor a la que tu corazón vive íntimamente conectado. Amar como Jesús nos ama significa que nos experimentamos amados hondamente por el Padre que nos hermana. Nuestros errores, nuestras caídas, nuestras debilidades no le restan poder a Dios para seguirnos alimentando con su savia de amor y de vida. Al contrario, nos ayudan a reconocer que las obras de amor que realizamos están fundadas en el Amor infinito de Dios. ¡Por eso somos capaces de obrar milagros!

¿No crees que sea posible? Mira a la madre que se levanta muy temprano para salir a trabajar porque desea proveer a su familia la mejor vida posible. Mira a la familia que cuida a un enfermo en un hospital día y noche. Mira a los abuelos que transmiten su sabiduría y amor a los nietos, cada día, con enorme paciencia. Mira al padre que se preocupa por mantener una relación viva con sus hijos a pesar de llegar cansado del trabajo. Mira a los hermanos que se ven a los ojos entre lágrimas cuando han perdido a uno de sus padres. Mira a las personas que soportan el sufrimiento y el dolor con la sonrisa en los labios y el deseo ferviente de animar a quienes los rodean. Hay heroísmo en el amor. Y tú, ¿demuestras tu amor?