Y así, con todo este universo desatado, sigo viendo el mar henchido de bondad…

¿Por qué debo esperar tus tempestades,
para qué he de mirarte en un espejo
si cuentas mil historias que conozco
de memoria pues las sé desde siempre?

Después de todas estas nuestras guerras,
después de revolcarnos en el cielo,
de rasgar con mis alas tu tibieza
para después rompernos, abatidos.

¿Quién eres tú a quien la resaca trae?
¿Dónde te habías metido, tan perfecta,
tan única y distante? Será tal vez
que yo desvié mis pasos de tu senda…

Es de noche y te llamo una vez más,
un nocturno fallido te proclama,
las historias que hayamos enterrado
son tesoros, leyendas en el mar…

Y esta loca carrera sin sentido
se ha vuelto poco a poco una batalla
sin esperanza, vencedores ni vencidos,
porque mi corazón se rompe y calla.

Y vos, ¿pensás en mí?