Y no lo digo por ti, amigo lector; lo digo por mí, para que no se me vaya a olvidar.

El día en que escribí con la vehemente indiferencia (que es contrasentido, ya lo sé) fue porque alcancé un punto álgido en el proceso de encuentro de mí mismo. Hace tiempo le confié a unos amigos que necesitaba encontrar mis límites, la parte oscura que habitaba en mí. Ver qué podía ser y cómo salir de ella después. Creí que si podía manejar eso, estaría más dueño de mí.

Me aventuré a dejar que mi oscuridad fuera llenando ámbitos varios de mi diario devenir. Esta vez no me importó ni los adornos, ni el nacimiento, ni las posaditas, ni todo aquel romanticismo latino que tú y yo ya conocemos. La época decembrina es maravillosa para muchas personas que conozco, este diciembre no quise que lo fuera para mí. En términos cinematográficos, me convertí en una especie de «Grinch». Mi polo negativo nunca había tenido tanta correa suelta.

Una personita que me conoce muy bien me dijo: «no me gusta verte así, no quiero que tú estés sin ilusiones, sin una razón, nada». Era la imagen que yo daba. Adentro, la cosa estaba más negra aún. Bueno, estaba y no estaba. Digamos que yo sé la clase de corazón que tengo, necesitaba ponerlo a prueba yo mismo, para templarlo un poco más.

Llegué a límites sanos, actos de relativa independencia.

Ya en una ocasión rompí con el dios de mi papá, ahora rompí con el dios de mi madre.
Que si un trabajo no se entrega con el grupito de cuatitas, nada pasa, no se acaba el mundo…
Que si el grupo parece caerse, no se ha caído. Que no está en mis manos resolverlo… hago lo que me toca
Que no hay buenos-malos, hay hombres…
Que el miedo es parte de mi naturaleza. No es lo único, no es lo más fuerte ahora.
Que el fracaso está latente a cada paso… ¡claro!, si no, ¿cómo sabríamos del éxito?
Arriesgarse no es un paso, sino una larga jornada…
A veces es bueno tomar un respiro para redimensionar todo otra vez.
Cuando me nace hacer o decir algo… lo haré. Lo que los demás hagan con eso es su responsabilidad, no la mía.

En fin, la idea es que fui rompiendo con mi pasado. Sé lo que quiero. Hay cosas que están en mis manos, pero no todo está ahí; así que hago lo que me toca y me relajo. No tiene caso preocuparse, y la ocupación que pueda ofrecer a algo, pues será la que esté en mi poder. Soy un ser limitado.

Quise dar un pequeño brinco y caí al abismo. La cosa era un gran salto. Ahora mi corazón me saca y escalo una rocas por aquí y por allá. Voy bien. Me siento a gusto, éste ha sido un buen ejercicio para saber de qué estoy hecho. No toqué el fondo que pensé, porque hallé que no hay fondo, que si quiero puedo seguir cuesta abajo hasta que me termine matando. El lado oscuro es absorbente, hay una mayor facilidad en seguir cuesta abajo, al final siempre acabarás muerto. No necesité descubrir un fondo, pasé revista a la maldad que hay en mí, descubrí cositas nuevas, y ya. Sólo por saberlo; para integrarlo a mi visión personal.

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Me vacié de muchas cosas. Alejé de mí cuanto había dentro para saber qué quiero dentro y qué no. Tengo un corazón de pollo. Encontré que entrego el corazón porque así es mi naturaleza; que debo aprender que mi amor me hace grande, porque cumplo mi leyenda personal. (Cfr. Coehlo «El Alquimista») Concibo el amar como esta entrega dichosa (y me encantaría que fuera desinteresada al cien por ciento) y libre. Entre más amo, más libre soy; entre más libre soy, más libertad tengo para amar. Lo que los demás hagan con eso, no es mi responsabilidad. Yo doy, eso me hace feliz, punto.

Soy un soñador, los sueños son para mí algo tan natural como respirar. No me quedo ahí, y eso es bueno. Ahora estoy tratando de hallar la forma de luchar por ver muerto el sueño y viva la realidad. (Cfr. Mago de Oz, «Hoy toca ser feliz») Tengo esperanza y tengo fe… no bastan, pero es un gran comienzo. Tengo fuerza y espero tener la constancia suficiente para encontrarme frente a frente con mi sueño y decirle «ahora ya eres real». Cuando los sueños se realizan, otros vienen a inquietarme. Eso me gusta.

Tuve que negarme la posibilidad de soñar, tuve que negarme la capacidad de amar, tuve que negarme la esperanza y la dicha, tuve que hacerlo: para saber que dentro de mí están todas estas cosas y que no se separarán por más dura que la cosa esté. Mi reencuentro, creo yo, está por completarse.

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Ahora bien, era el día de la velación de la Virgen. Dicen que se puso muy bueno. No sé. A mí no me importó irme. No me sentía a gusto y me fui. No le hallé sentido al asunto este de estar juntitos sin estar unidos. En fin, que la cosa es que se me heló el corazón esa noche. Me harté y me fui.

Hablo de muerte en un sentido tanto físico, como espiritual. Físico porque las ganas de matarme pasaron mientras cruzaba una calle. Espiritual porque, como ya dije anteriormente, estaba congelado del corazón. La muerte no llegó, a final de cuentas, porque no era mi hora. Dios no cumple caprichos ni endereza jorobados. Ja, ja, ja. Me acordé de Jean Paul Sartre cuando decía que la vida no tenía sentido, le dijeron «¿por qué no se mata?» Él contestó «porque tampoco tiene sentido». En fin… ya me la prolongué.

No hay arriba ni abajo. Me creí cayendo en un abismo (Cfr. Saint Seiya saga de Hades) pero ni Araya Shiki ni nada de nada… Hay un lado oscuro, ahí está. Hay un lado claro, aquí está. Yo soy una combinación de ambos cada vez. Y ahí voy creciendo. Me gusta así. [ya no debo ver tanta pinche caricatura]

No me soporté porque dejar que mi lado oscuro gobierne no deja felicidad en mí. Ahora ya lo sé de propia experiencia. es hora de construir acuerdos. (Cfr. Discurso de FECAL ja, ja, ja) Yo seré feliz con quién esté dispuesto a ser feliz, construiré con quien quiera construir. No mams… en fin, la idea es que esta prueba del lado oscuro ya acabó.

El mal espíritu (Cfr. Sn Ignacio de Loyola) me tentó y ahí voy de tarugo. Ya lo sacamos. Estoy reforzando la muralla. Vamos a ver qué nuevas zancadillas nos prepara. Ramón está listo (o espera estarlo) y es feliz.

Estoy incompleto, pero aún en mi incompletud puedo ser feliz. Sé lo que quiero, que no tengo aún lo que quiero, pero estoy tranquilo porque creo estar haciendo lo correcto. Si no es así y lo descubro, pues vemos pa’ onde hay que jalar y le damos. ¿qué no? Ya vi que sí puedo.

Bueno, pues ya… que este post se prolongó más de lo que supuse. Ja, ja, ja.
Gracias por los saludines que dejen. Se les quiere. Un abrazo fraterno.