Poco a poco la cocina va tomando una forma: la mía.

Te parecerá pretencioso, lo sé, pero dista de serlo. En realidad me interesa ayudar a mi jefa con los queaceres y todo eso. Una casa limpia es una casa feliz; y yo ya me había tardado mucho en echar el hombro y trabajarle. Cada día mi señora madre se va cansando más, ella dice que no, pero en la casa sabemos que sí. Así que o me aplico o me aplico.

Comencé con la cocina, aunque antes (de manera extraoficial) acomodé el cuarto de lavado y planchado; un poco la sala con mi padre y el comedor. El primer rincón que reformé fue el de lavar los trastes, que ahora se lavarán en el fregadero de la cocina, no en el lavadero, como se venía haciendo. Acomodé botes y compré fibras y trapitos … y otras chunches.

En los siguientes días seguirá el refrigerador, que se acomodará como ya lo he hecho con el comedor y la mesa de servicio. Y ahí vamos… poco a poquito pero con constancia. Además, las vacaciones nos caen de perlas para toda esta misión.

Seguiremos informando…