No ha sido una transcición sencilla, querido lector, por si mis escritos anteriores te pudieron hacer pensarlo así. No es que extrañe mi tierra, todavía esa etapa no llega; es más bien la idea de encontrarme en un mundo que ha girado alrededor de valores diferentes, que concibe la vida entera de un modo distinto. A pesar de estar relativamente cercanos, nuestros mundos no son los mismos pues nos originamos en crisoles diversos.
Poco a poco me acostumbro, sí; tomará algo más que una o dos semanas, un curso propedéutico y las buenas intenciones de amigos y conocidos, pero lo lograremos.
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Hora de dormir,
no tengo penumbra y te recuerdo.
Estás más allá de mi alcance,
pero no de mis sueños.
Yo te veo aparecer en un cielo sin nubes,
andas descalza y tus cabellos
juegan con el viento nocturno.
La luna brilla y tus ojos se vuelven
dos luceros pequeños,
atrapados y deseosos de encontrarse los míos.
Cierro mis ojos para verte mejor.
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