Puag! (en interjecciones de Musaraña)
Tengo gripa y es horrible…

Desde que soy pequeño, la enfermedad que más me afecta es la gripe, es simplemente devastadora. Mi voz se altera, mi capacidad auditiva disminuye, mi cabeza parece un globo inflado y me siento a punto de estallar, mi nariz parece el sueño dorado de la gente de Iztapalapa, de tanto líquido que le sale. Soy un desastre.

Y sin embargo, hoy fui a la escuela. Antes era un motivo para permanecer a la sombra de mi cuarto, bajo las cobijas y viendo la tele. Mi madre solía consentirme lo mejor que podía, considerando su labor docente y los dobles turnos que a veces cubría. Leer y dormir, acostado mirando al techo y soñando, volteando de vez en vez para sonarme las narices. ¡Que vida! Mi niñez la considero afortunada en ese aspecto: fui feliz porque tenía quién me consentía cuando quería un apapacho.

La preocupación de mis queridos luceros es alentadora. Gracias a ellas.

Y pues sí, esperaba escribir de otra cosa hoy, pero como la gripe me da de cada en cuando, y cuando me da es un huracán clase 5, pues… he aquí el resultado.

Un abrazo fraterno a tod@s. (Pero de lejitos, no los vaya a contagiar)