Esta es como la séptima vez en el día que abro la ventana de agregar entrada. Y es que sinceramente no he tenido mucho humor para hacer cosas en este día. Bueno, en realidad ha sido casi toda la semana que me he pasado así, como lleno de un vacío (si se me permite la expresión) que no tiene una explicación muy convincente.

Me he sentido como sin alguien, como triste porque a pesar de que hay cosas muy buenas en mi vida y que los proyectos van poco a poco caminando; al final del día, estoy acá, sentado frente a la pantalla, sin alguien a quien escribirle. Y no me refiero a falta de amigos, claro está. Puedo contarlos con los dedos de un polidáctilo (sí, yo inventé la palabra, ¿por?) pero siempre hace falta algo más.

Desde hace un tiempo que yo quiero alguien a mi lado; el único problema es que no hay nadie. Ja, ja, ja. Reconozco que he buscado llenar ese hueco de trabajo, de actividad, de «Dios» (entre comillas, porque Dios no anda parchando huecos… faltaba más) pero nada. Me siento solo, esa es la neta del planeta. Y en noches como ésta, duele más que en otras.

Y claro, usted me dirá: «¿Por qué precisamente noches como éstas?». Bueno, pues es que no tiene realmente nada de especial… y sí. La noche por sí misma es como cualquier otra noche; pero yo soy un hombre profundamente histórico (más me valdría no haber leído tanto en mi infancia) y pues por estas fechas yo no estaba aquí… sino más allá de donde mi corazón pudo haber soñado. Hoy también lamento no haber luchado por lo que amaba, por un sueño que a fin de cuentas yo alimenté con la mejor leche y miel que tuve a mano.

Tengo un dolor clavado en el pecho. Una soledad que desconozco y que se metió como una de esas mariposas negras, de las que uno no se deshace tan fácilmente. Amo a esos animales, aunque parezcan tan sombríos y aterradores… pero no amo mi soledad, porque es abismal y me enfría el cuerpo. Me veo delante de un precipicio y no sé que paso sigue.

No estoy pidiendo ser salvado, ni reconfortado. Creo firmemente que el hombre alcanza sus momentos más álgidos cuando se halla en esa profunda solitariedad. Las barreras que se nos presentan y deben ser superadas esperan solamente por nosotros. El dolor que siento no puede experimentarlo otro ser vivo en este mismo mundo. A fin de cuentas, todos estamos solos.

Mi propio encuentro está planeado para una fecha que aún no llega, y según parece tardará demasiado en venir. Camino solitario, a la vanguardia, mis hermanos esperan a veces lo que Israel de Mosah en el desierto. El peso de este éxodo sin compañía comienza a hacer mella en mí. La arena me aplasta, el calor me desmaya, la lumbre del aire que corre me rompe en dos. Siento un vértigo de sufrimiento, una náusea que se prolonga.

Y con todo, camino. No tiene caso detenerse a morir, aún no ha llegado mi tiempo. Mis labios están partidos, rotos, mustios; empiezo a dudar de mi propio corazón y de si llego a sentir. ¿Te parece dramático?, tal vez. Lo siento.

De verdad no sé bien como sigo. El Maestro me impulsa en esta noche oscura y Él sabrá cuando veré la luz una vez más. Será que no la necesito y sólo Él sabe cuando es mejor. Será que mis ojos son impuros y no debo verle a los ojos, ni amarla, ni conocerla. Será sólo que ya me cansé y estoy a orillas del río piedra. Será…

Perdona, hoy no puedo escribir cosas lindas. Sólo nos estoy de humor. Gracias.