De pronto parecen quererse asomar albores en mi horizonte, pero estoy desconfiado. Tal vez sea sólo el resplandor de algún pueblo distante lo que veo. Sí, creo que eso es… no pasa nada, ni avanza el resplandor su camino de fuego, ni mi corazón se alboroza después de los primeros y pequeños destellos.

Todos los miedos se encierran en uno solo, egoísta y tormentoso. Mi corazón cree con todas sus fuerzas, pero últimamente el pobre se ha quedado un tanto afónico. La esperanza que habita en mi interior es una gracia concedida por Alguien que no conozco, pero que no necesito conocer para que me ame y me colme de sus bienes. Quiero volver a creer, saber que Dios prooverá, por encima de todo y todos, «aunque el sol se torne negro».

La semana santa se acerca. Hay muchos buenos recuerdos de esas fechas. Cosas raras que le pasan a uno en el corazón cuando se encuentra vulnerable, o experiencias fundantes que lo hacen sentir en las nubes (con todo y angelitos) y dueño del mundo, o verdaderos encuentros fortuitos con el Absoluto, en los más impensables lugares. Lugares y momentos que se comparten con gente especial y bonita, con los hermanos de camino que el Señor tiene a bien poner a nuestro lado. Hay algo místico y único en estos días. El Triduo Pascual es fuente de momentos significativos.

Y mientras tanto, ya estoy de semi-vacaciones. Tanta tarea no deja disfrutar a uno. Ja, ja, ja. Pero no me quejo, porque tengo qué hacer, porque me ayuda y porque estoy más cerca de la meta cada vez.

…. tantas cosas pasadas, tantos sueños que adquieren otro color, aunque sean de la misma raza, tantas historias compartidas de lejos y entre la bruma nocturna, tanto…

Un deseo más…
ven ya