Sometimes, one believes that everything is already said. What a mistake!

Estoy agotado mentalmente por culpa de mi desidia. El maestro Mark nos encargó una serie de trabajo desde el principio del semestre. Yo lo fui dejando poco a poco hasta que hoy en la mañana nos dijo que quiere ver los avances para el próximo lunes. Caramba, mucho de lo que tenía que hacer ya está hecho, pero luego me di cuenta de que me faltaba ponerlo en letra. Me pasé más de la mitad de la tarde-noche haciendo un reporte que ni siquiera terminé. Y es que sinceramente no estaba acostumbrado a meterme en esta dinámica de trabajo. Hace mucho que mi hamster no se subía a la rueda.

Sin embargo, tengo un poco de tiempo para escribir algo en este sencillo blog. ¿Te has dado cuenta, querido lector, que este espacio se ha vuelto un poco mi refugio personal? El nombre ahora ya no coincide mucho con la actividad del blog. Ya no he podido escribir lo que se va dando durante el día y así he perdido mucho de la cotidianeidad que este sitio reflejaba. Mis fuentes no se agotan, al contrario, hay que decir. El problema es que el tiempo a veces no nos alcanza o el cansancio nos vence.

Estoy cerca de las 200 representaciones de esta maravillosa obra llamada «mismidad». Aquí he ido desarrollando mis letras hasta desangrar a veces el corazón. Mis triunfos se han igualado con los fracasos en la maravillosa realidad de símbolos unidos entre sí. No hay vencedores ni vencidos en el papel, sólo historias para ser contadas; letras que esperan pacientemente ser leídas y, de ser necesario, comentadas. Nuestro destino es seguir representando esta bella mascarada de cuerpos y almas desnudos que se descubren ante un mundo asombrado y reticente a lo que lee.

Justo cuando parece que soy un libro abierto ante mi espectador, comienza una nueva danza o un grito estremecedor retumba en el teatro dejando perplejo a más de uno. Sí, somos seres muy complejos estos humanos. Y lo que más me agrada es poder descubrirme en el otro, poder sorprenderme aún con lo que veo, oigo, siento, huelo, toco, degusto. ¿crees saber de tu amante?, ¡pregúntate mejor, tal vez te falta más camino por recorresr!

El oráculo de Delfos era claro, Sócrates lo entendió: «Conócete a ti mismo». No hay mayor sabiduría que entender esta sentencia y ponernos a trabajar en ella. Porque cuando podemos vernos frente a frente, descubrimos en el otro la Bendita Semejanza que constituyó a los seres iguales desde el principio, hermanados en una misma madre. Así, desnudos y orgullosos, salimos al encuentro de aquello que somos, pero que se presenta bajo otra piel y huesos, otras carnes y sangre, otro ser. Un misterio.

En fin, lector, uno piensa que todo está dicho y no hay más. Pero no, queda más sendero que descubrir y límites que romper. Espacios que conquistar y ríos para meditar. Bosque para correr y montañas que subir. Amores que gozar y dolores que padecer. Besos, vida, amor, sacrificio, canto y voz… ¡qué sé yo!