Estoy tomando gusto por la escritura, le dije un día a un maestro mío muy querido. La escritura es como un océano de posibilidades cuyas olas van creando universos pequeños o grandes… depende de lo que quieras hacer con tu vida, me respondió.

Aquello fue hace ya mucho tiempo, yo iba en la secundaria: sentía que el mundo me pertenecía, mis sueños eran mayores, locos e irrealizables (según yo) Había algo en mí de lo que soy ahora, también tenía otras facultades y limitaciones que se fueron quedando en el camino. Yo creo que las deposité en el lecho oceánico un día y ahora alimentan al coral que florece (?) allá abajo, en mis profundidades.

Escribo por placer. La escritura es para mí la posibilidad de desdoblarme, hacer una especie de viaje astral, poder ver mi vida en perspectiva y entender muchas de las situaciones que atravieso. Las letras me rescatan de mí mismo y eso ya es un gran alivio, sobre todo por como soy: tan desesperado, exigente y perfeccionista. Mis textos me redimen en muchas dimensiones.

Mi espíritu se reconforta mientras escribo. Crecí como hijo único, no estoy muy acostumbrado a ventilar mis asuntos con alguien. Pocas son las personas en quienes confío y a quienes dejo ver el fondo de mi persona, menos son las que me hacen sentir la confianza de pedir un consejo. Al escribir establezco un diálogo conmigo mismo, no es un soliloquio porque he observado que mientras la pluma avanza en mi mente surgen otras dimensiones, los problemas adquieren perspectiva. Mi espíritu se calma porque tiene con quién desahogarse.

Creo profundamente en la Historia. Mis escritos son para mí históricos porque van dando fe de la urdimbre de mis sueños, fantasías, realidades, circunstancias, experimentos y anexas. Hay una trama dentro de todo lo que digo a través de las palabras. Recuerdo que al principio este blog ostentaba la frase de: “La historia del éxodo de un caminante…” o algo parecido… mi memoria es algo mala para las citas textuales, así que también en eso me ayuda la escritura.

A veces me sorprendo de lo que escribí cuando lo vuelvo a leer. Unas, porque me gusta mucho lo que leo y me digo: “wow, ¿eso lo hice yo?” Otras, porque lo que leo me espanta, como cuando uno observa una imagen propia con los cabellos deaaliñados, o los ojos afectados por la falta de sueño. Es tremendo cuando leo algo que proviene de mis noches oscuras, termino y me digo: “¡Qué azotado era! Bueno, admito que lo sigo siendo”. Y así, poco a poco, la revisar lo que se ha escrito, los descubrimientos van trayendo una que otra sonrisa, lágrima o pensamientos que me llevan por el tiempo hasta momentos específicos. Son viajes magníficos.

Éstas son mis razones para escribir. Mis letras son tan subjetivas que no me extraña tener tan pocos comentarios. Hay veces en que yo mismo no tengo nada más que decir y paso la hoja. Mis jornadas no son grises, pero mis textos se convierten poco a poco en mensajes ocultos o sin sentido. Lo sé. No me importa. Yo no tengo el sueño de ser un gran escritor porque no escribo para ser leído. Cuando alguien pasa y deja su huella me da gusto, pero no vivo para ello. Soy feliz con el simple hecho de escribir y, de vez en cuando, poder volver a mis letras para sentarme un rato en un café.

Este es el post (entrada) 260 de este blog. Quiero agradecer a cuantos se han pelado los ojos con estas letras, a los que pacientemente leyeron hasta este final. (MIs entradas se vuelven más largas) Gracias por las atenciones y los comentarios. Me gustó este número para este acto de justicia:

MUCHAS GRACIAS