Logotipo año jubilar escolapio

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¡Vaya número!

Los seres humanos vivimos un tiempo corto aquí en este mundo, pero muchas veces nos reconocemos parte de algo que ha nacido mucho antes que nosotros mismos, y que sobrevivirá nuestra propia finitud. ¡Nos encanta celebrar esto! En el jubileo escolapio no solamente se trata del “número” por sí mismo, como cifra mágica que revela la presencia continuada de la Escuela Pía por cuatro siglos. Celebramos la vida escolapia con todo lo que ella implica: la lucha por el Reino a través del acompañamiento de generaciones capaces de vivir en seguimiento de Jesucristo; en ellas, reconocemos un terreno fértil, especial, muy nuestro: los niños jóvenes, preferentemente los más pobres. Se trata de una vida que se multiplica y realiza el gran milagro de la manifestación del amor de Dios a quienes más lo necesitan.

Todo comenzó por un sueño, un anhelo; y hoy sigue sostenido por el esfuerzo común de muchos brazos que siguen soñando, que anhelan. Somos inconformes con la realidad que nos ha tocado vivir, y esperamos desgastar la vida con la intención de la siguiente generación tenga el corazón un poco más cerca del Padre que nos ama con locura, y que nos quiere ver felices. La vida entre la juventud mantiene viva nuestra esperanza, a la vez que les comunica a ellos un poco de ese “afortunado atrevimiento y tesonera paciencia” que Calasanz vivió como auténtico regalo de Dios para su Iglesia.

Siempre hallarás a un escolapio ocupado en mil y una cosas, parece ser la apreciación general que escucho de las personas que me rodean. Tal parece que nuestra inquietud se debe precisamente a ese gran encuentro con Jesús en medio de sus más pequeños. Desde ahí, no podemos quedarnos inmóviles o pasmados ante la realidad que hoy –quizás más que nunca– intenta arrebatarle las posibilidades, los anhelos, la infancia y la juventud a las personas, para convertirlas en piezas en el juego del mercado, tan lleno de miseria y de crueldad. ¡Por eso vamos de aquí para allá! Cargando con amor nuestro tambache de actividades, soñando que quizás podríamos hacer más si tuviéramos un huequito entre esto y aquello. El corazón nos gana y en medio de tantas actividades podemos encontrarnos con el mismo Jesucristo que nos ha llamado, echándonos una manita, un brazo, ¡el cuerpo entero! Entonces nos sabemos sostenidos y enviados, amados y enviados, responsables de esta misión crucial que traemos entre manos.

Los escolapios podemos estar alegres este año. Tenemos muchos motivos para festejar. Sí, celebramos los cuatrocientos años de haber comenzado esta andadura por el camino estrecho. Sí, celebramos los doscientos cincuenta años de la canonización de San José de Calasanz. Sí, celebramos que la obra de Calasanz vive con un ímpetu sostenido por el amor; que sigue tocando las vidas de tantos niños y jóvenes; que sigue abriendo espacios para crecer; que sigue dando razones para creer, esperar y amar; que sigue convocando a muchos para sumarse a una misión: “La educación cristiana de los niños y jóvenes, especialmente los más necesitados”.

Te dejo abajo el video que muestra la invitación del p. Pedro Aguado Cuesta Sch. P.; general de nuestra Orden, para la celebración de este año jubilar.