Tormentas que se arremolinan dentro de mi corazón. Vivo en una tierra que no es mía, pero estoy rodeado de personas que amo ya, que de un modo u otro están ya ligadas a mi corazón y, por tanto, puedo ver un sitio para mí en este lugar.

Todo cuanto estudie en este tiempo no será tomado en cuenta para las materias de mi carrera, pero el hecho de estar aquí vale para futuros encuentros. La pregunta principal es si quiero quedarme a vivir la experiencia. Estoy en medio de toda esta batalla interna entre estar con mi familia que ahora pasa por momentos de prueba, o quedarme a terminar con el sueño que no pedí.

Tuve que decirles. Vi sus rostros y recordé el Cenáculo. No debí haberlo hecho, digo ahora. Pero también sé que me confirmó la amistad sincera de algunos, la cercanía de otros. Me sirvió para desahogarme y soltar muchas otras cosas que ya pesaban demasiado. Hoy estoy más relajado. La tormenta sigue sobre mi sien, pero ya no le temo. ¡Qué venga!