Mi bendita vocecita, la sonrisa franca, la palabra atinada y punzante, el cariño a ratos tierno y a ratos intenso… hasta las historias que corren como leyenda negra en cualquier sitio donde nos paremos. Al final, creo que no pude hallar amiga más fiel, más considerada y más valiosa que ella. 
Se llama Adelina. Ha sabido estar en los momentos brillantes, sonriente y afable;  en los momentos duros y sin sentido, con el ánimo y la palabra apropiada; en los momentos de luchar, a brazo partido y en pie de guerra sin que suene el clarín. (A veces ha sido ella quien ha llegado para tocarlo, de hecho)
Una maestra comprometida, llena de ideas extrañas que siempre funcionan… Dispuesta a aprender, a dejarse conquistar por los alumnos sin perder su dignidad de maestra. Siempre hay algo nuevo con ella: una hormiga que colorear, un portafolios de caja de cereal, un giro al juego de siempre, palabras llenas de sentido (aunque domingueras) como e-n-t-a-n-g-l-e, o a-r-i-s-e… No he visto alguien salir mal de una asesoría o insatisfecho de una clase personalizada con ella. 
Y claro, lo que más caracteriza al pequeño “cabo” AKA “private” es su vocecita. Cuando se nos puso malita me parecía extraño escucharla en un nivel de decibeles dentro del marco común. Ella siempre está lista para aventar las campanas al vuelo cuando de hablar se trata. Su risa es incuestionable, la delata: es su sello personal. Cada risa retumba hasta el cuarto de mi jefa cuando estamos viendo una película.
La quiero mucho, la aprecio más de lo que digo y demuestro. Dado lo mucho que me ha dado, sé que soy ingrato en un momento dado… sólo espero que este pequeño homenaje caiga en la cara correcta del dado. Gracias por todo, sol-dado.
Atte. 
S-K-U-P-A!!!!