Mientras el humo de un sencillo cigarrillo cruza el ambiente, pienso atentamente en todo lo que he estado viviendo esta semana y las anteriores. Me refiero al proceso de elcción de director de nuestra facultad. Como este es un blog personal, hablaré de lo que esto ha representado para mi experiencia personal.

Hasta la fecha, no había sido parte de un Consejo Técnico; mucho menos de un Colegio Electoral. Es una experiencia en parte tediosa, en parte gratificante. Tediosa en cuanto a los protocolos y formalidades que a veces me abruman; que si hay que ponerse quisquillosos con las mínimas faltas en algún escrito o dicho, que si debe pasar por determinadas instancias tal o cual cosa. Gratificante porque de algún modo contribuímos al fortalecimiento de la institución y hacemos lo mejor que podemos por tener una mejor escuela cada vez. No es fácil todo eso, sobre todo considerando la inexperiencia y timidez que a veces nos invade.

El ambiente en las sesiones me agrada, refleja mucho de la familiaridad de trato que tenemos en la escuela y de la que hablé en una publicación anterior. Hay mucho de camaradería y confianza en el espacio que compartimos. Además, el proceso se ha venido llevando a cabo con mucha prudencia y tranquilidad. Claro que han habido incidentes, pero podríanse calificar de menores. Hay riesgo de reventar la elección porque los porros lo han dicho, pero dice el refrán: “perro que ladra…”

Mañana saldré de comisión a Tehuantepec, una ciudad ubicada en la región del Istmo. Allá existe una extensión y deben celebrarse elecciones también. Vamos 3 miembros del Colegio. Sin afán de presunción iré como presidente de la casilla. Me gusta la idea, sobre todo porque estos procesos me están agradando. (sin politiquerías, aclaro… sólo por “deporte”)

Hay mucho por aprender. Esto también me emociona y motiva a seguir adelante en este camino. Si en algo puedo ayudar para que la Facultad mejore, mis manos están puestas. Y pues, espero poder servir en algo, claro está…

Hasta aquí lo que me provoca este asunto del Consejo Técnico (ahora Colegio Electoral)

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Hoy la luna brilló sobre Oaxaca. Fue hermoso salir de la junta y verla ahí, saludándome con su redondez especial e irradiando luz como queriendo darme algo de esperanza. Irremediablemente recordé a la diosa de la luna: Asarté, que en su momento también fue llamada (confundida?) Artemisa. Y pensé en una mujer a quién yo he llamado así desde hace mucho tiempo atrás.

Y pensé en ella precisamente porque la luna me condujo a eso. Luego mi mente me llevó a un río en el Valle de Santiago… pero la acallé recordándole algunas otras cosas y eventos actuales que hacen imposible siquiera recordar. Pero empezó a sonar “llovizna” en el iPod y pues…. dejé que mi mente se consolara un rato.

No cabe duda que el amor es el motor de toda nuestra vida. A pesar de que no queramos reconocerlo en ocasiones… o nos dé miedo enfrentarlo así.

¡Gracias, Dios, por el Amor que nos concedes cada día!