Hace nueve años no estaba en casa. Por múltiples circunstancias y la única razón de considerar al mundo en dos tonos: blanco y negro, no me sentía en casa. Todo lo que vivía me parecía o una farsa perfectamente montada, pero sin sentido; o una cruel y helada rutina que ya había sido establecida para el mero cumplimiento. En cualquier caso, en algunas noches me parecía que cualquier otro sitio podría ser mejor para mí. Miraba la luna, pensaba en lo que había dejado, en la decepción de no encontrar aquello que buscaba como lo había imaginado… el dolor penetrante y agudo de quien no comprende porqué su mundo se ha derrumbado, ni sabe “qué hacer con las ruinas que tiene alrededor.” Fueron días negros en verdad.
Hoy estoy en casa. Por múltiples circunstancias y la única razón de tener un Padre que me ama y me ha conducido con paciencia para conocerlo mejor, vivo en el mismo espacio físico que hace años. La casa es diferente. Yo soy diferente. La comunidad es diferente. Mi Padre me ha expandido el corazón. Estoy verdaderamente lejos de vivir el ideal y me gusta que así sea porque eso garantiza que yo viva en tensión día con día. En tensión, sí, porque el amor me guía: a veces es un amor egoísta y otras veces es un amor oblativo. Mi corazón se percibe con una intensidad increíble. Estoy viviendo días brillantes en verdad. 
Toda esta reflexión nace del hecho de que hoy es nuestra posada en la casa. Tiempo atrás no estuve en esa posada. Hoy estoy contento y me anima toda la actividad que se vive aquí. Acaba de decirnos el formador algo chistoso: “Ni en mis tiempos vi tanto entusiasmo.” Yo, que viví un año de “sus” tiempos puedo decir los mismo, pero no diría que la comparación sea justa. De hecho, me había dicho que no compararía esas dos etapas de mi vida como si una fuera “mejor” que otra… así que por eso me parece sólo chistoso. Además, compruebo que los seres humanos casi siempre buscamos un referente en nuestra historia desde el que podamos engancharnos a los eventos que vamos viviendo. ¡Qué bello!
Después te hablaré, querido lector, de esa intensidad y de cómo puedo decir “he vuelto, pero no” Je, je, je…