Creer

por | Oct 5, 2019 | Dabarim

Una fe tan pequeña como el grano de la mostaza nace del amor más poderoso y entrañable que podemos experimentar. Cuando los discípulos le piden a Jesús que aumente su fe, la respuesta parece muy extraña, ¿no es cierto? Pero piénsalo así: Jesús les remite a una fe que él ya sabe que sí tienen; no se trata de tener mucha o poca, se trata de saber que ese gran amor que Dios nos tiene puede obrar los mayores milagros. Plantar árboles frondosos en el mar. Se trata de creerle a Él.

A veces nos puede parecer que nuestra fe es pequeña porque no conseguimos lo que deseamos, pero la fe no funciona así, en realidad. ¿Sabes? El Dios en quien yo creo camina conmigo en mi historia personal, me llama a confiar en sus planes, en sus modos, en que junto a Él puedo alcanzar la mejor versión de mí mismo. Eso no significa que todo salga exacto como yo lo deseo. 

No se trata ya de alcanzar mis planes y hacer mis deseos; se trata de confiar en que Su plan está ocurriendo en mi corazón y en el tuyo mientras escribo. El amor nos inspira a creer en el Amor Infinito de Dios; el amor nos permite contemplar este mundo en colores y soñar con mejores posibilidades para todos, especialmente los más pequeños.  

Creer nos comunica la esperanza que se enraiza en el amor. Por amor, espero los encuentros que más anhelo. Como el abrazo con mis padres al final, que es el inicio en realidad, o sostener la mano de quienes amo en esta tierra. Esas esperanzas son signos de que mi confianza está en Él, que tanto me ama, que me impulsa a amar a toda costa.

De ahí que tu vida está llamada a ser un testimonio del amor: que todos los que te vean sepan que estás repleto, colmado, lleno del Amor Infinito de Dios que camina junto a ti en todo momento. Esa plenitud no siempre es posible, es verdad, pero no quiere decir que nos demos por vencidos. ¡No! Quiere decir que habríamos de manternernos listos, atentos, esperanzados y vigilantes. Ser testigo del Amor Infinito de Dios está entrelazado con el modo de amar de Jesús mismo.

Nadie tiene amor más grande… ¿cómo das tu vida por tus amigos? ¿Te has sentido verdadera y profundamente amado? ¿Te has dejado transformar por el poder de Dios y le crees? ¿Crees en sus planes para tu vida? Tener fe es creerle a Dios, que sueña con que vivas en la libertad y la luz. 

Así, al final, podrás decir con el corazón repleto de nombres y rostros que amas: ¡Ellos son quienes compartieron conmigo su corazón! ¡Gracias por su vida en mi vida! No tengo más qué mostrarte, Señor. He sido un pequeño siervo que creyó, esperó y –ante todo– amó profundamente. Es decir, no he realizado nada más que aquello por lo que fui enviado a este mundo. ¡Gracias totales, Señor!