Cada vez que leo a Paulo Coelho algo mágico acaba pasando en mi vida. Regresar a las fuentes me llevó a leer de nuevo un libro que hacía muchos años no tocaba… en parte porque cuando creí encontrar a mi Otra Parte todo se esfumó antes de poderlo saborear. Y algo me llevó a tomar de nuevo el libro y hojearlo, leerlo de nuevo desde otra perspectiva, desde quien ya no creía mucho en la Tradición de la Luna que algún día seguí… Pero era como si todo aquello hubiera sido una preparación para este momento. Siempre que leo a Coelho siento eso: todo estaba escrito para llevarme aquí, ahora.
En mi vida han habido ciertos cambios últimamente. Me sigo acoplando. Me gustan los cambios y quisiera que alguien más los compartiera conmigo. Un hermano de mi corazón ha tenido atisbos de lo que guardo, hemos comentado las diferencias y a veces hasta bromeado con ellas. Pero siempre queda pendiente una figura que complemente, que finalice lo que apenas esbozo. Soy muy exigente y es difícil de encontrar… 
Hoy tal vez dejé de ser exigente conmigo mismo y dejaré que la vida misma sea quien mande a los vientos que mis velas necesiten. A veces hay que dejarse llevar un momento para recuperar el camino del que no debimos salir. Nuestra necedad se vuelve una torpe ceguera y nos quedamos solos. No quiero eso. Hoy sé que no quiero estar solo. No es justo. ¡Y ya!
Y tú dirás, querido lector, que ya era hora, o que tal vez tenga “alguien en la mira”… pero no. Ni lo uno, ni lo otro. Simplemente dejaré que el Padre me ponga delante de quien tenga un brillo en los ojos… simplemente dejaré de tener miedo… dejaré de buscar lo que nunca podré encontrar de nuevo… de llorar lo perdido y nublarme y no ver lo que sigue. 
Dios proveerá. Siempre lo hace.
PD No sé cuántas veces he dicho este mismo discurso. Ja, ja, ja… Ahora que lo pienso…