Hoy escuchamos que Jesús llega al Templo de Jerusalén, se acerca la gran fiesta de los judíos. Él observa todo y se da cuenta de que algo anda mal. Las personas han olvidado que lo más importante es la relación con Dios. Compran cosas esperando encontrar la solución a sus problemas, y el Templo se vuelve un lugar para comerciar con la fe. Pero la fe es un regalo que Dios hace brotar en el corazón de cada uno, no se compra, ni se vende: ¡es gratis!

Descarga

el archivo en PDF

Los judíos ven algo distinto. Ellos solamente miran lo más superficial: las piedras de una construcción, los años que se llevó edificarla, las mesas volcadas, los animales… La costumbre de comprar y vender en el Templo ha llenado su corazón. No miran la fe como la mira Jesús.

Los discípulos están asombrados. Sólo comprenderán esto hasta que el Maestro resucite de entre los muertos. Jesús se ha vuelto nuestro Templo porque Él nos enseña un camino distinto al de quienes comercian con la fe. El Templo es una casa de oración: un lugar de encuentro. De ahora en adelante, quien quiera encontrarse con el Padre, puede hacerlo en lo profundo de su corazón, en espíritu y en verdad: tal como nos enseñó Jesucristo.

Dentro de nuestra vida cotidiana podemos dedicar siempre un pequeño momentito para charlar con Dios, y eso se lo podemos enseñar a los pequeños. Incluso, podemos cuidar que sea en un momento especial durante nuestro día para que así nuestro corazón se emocione porque se acerca. Como cuando esperábamos a alguien estando enamorados.

Y para eso, necesitamos dejar que Jesús nos ayude a preparar nuestro encuentro con Él. Que purifique nuestro corazón también, para sentir verdaderamente su amor.

Es necesario aceptar de verdad que estamos llamados a acercarnos a Él con la confianza y la alegría de quien sabe que es amado incondicionalmente. Eso significa que la relación con Dios se construye sin miedos, ni sacrificios que Él no pide, sin intercambios superficiales, sin culpas y remordimientos, sin desconfianza, ni rencores.

Y nosotros, ¿comerciamos con Dios, o nos acercamos alegres y confiados porque somos sus hijos más amados?