Es curioso cómo se establecieron mis gustos musicales. Ahora que lo pienso, mucha de la música que me gusta la he descubierto por mera casualidad. Es más, me atrevo a decir que ha sido la música quien me ha encontrado. (Sí, “quien”)
Mi gusto musical es variado. Cuando niño crecí oyendo a Pedro, Javier, Jorge, Julio… mis padres y sus boleros también contribuyeron. Eran los ochenta, así que mi hermana atesoraba sus “discos” (grandes ruedas negras con miles de rayitas) de Timbiriche, Mecano, Franco de Vita y otros muchos artistas… A fin de cuentas, esa música me gusta porque me trae buenos recuerdos. Se puede decir que tuve una infancia plena. 
En la secundaria escuché a los maestros de Liverpool. Ya sabes la historia, querido lector. Creo que jamás me he separado de ellos, no sólo porque su música es muy bella, sino porque ahora puedo entender mejor lo que dicen (o dejan de decir) sus canciones.
La prepa me abrió los oídos a la trova. En los salones de mi escuela era común la guitarra, los amigos, las canciones románticas para fulanita de menganito. Las rondallas, los rockandrolleros y otras tribus se juntaban -siempre- alrededor de una guitarra. Mi juventud se estremeció con los acordes de Silvio, Fernando, Alejandro, Luis Eduardo, León, Violeta, Chabuca, Mercedes, Fito, Pablo…
Cada vez que cierro los ojos mientras escucho trova, me viene a la mente un rostro, una luna y una senda que quedó por recorrer.
Luego, mientras estudiaba en el seminario, la música celta me asaltó un día de tianguis. Me arrebató con su armonía, sus voces, la quietud y la viveza de su espíritu en un delicado equilibrio. (Balance que me hacía tanta falta en aquellos momentos) Inundado de incienso, mi habitación se alegraba con los nostálgicos sonidos de la isla esmeralda.
Sí… mis gustos son diversos, pero tienen una constante. Me gusta la música que me haga sentir algo bello. De ahí que desde pequeño me encante el barroco, la música clásica en general, sin ser un experto. (ni pretenderlo)
Datos curiosos: 
No escuché música en la elaboración de este texto. Razón: estoy en el trabajo. Ja, ja, ja.
No me percaté, pero éste es el “post” 400. Avatares Cotidianos invita la cena. 
Me faltó mencionar a los monitos del Pop que también me gustan de vez en cuando.