Jesús está vivo… ¿y tú?

por Abr 3, 2018Dabarim, escritos0 Comentarios

Decir que Jesús resucitó significa asumir un compromiso por la vida. La vida de Jesús es un testimonio de que Dios nos ama y quiere tener una relación profunda con todos nosotros. Parecía que la muerte había dicho la última palabra cuando lo pusieron en la cruz. ¡Pero el Padre lo ha traído de vuelta a la vida!

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Muchas veces buscamos a Jesús como quien va a embalsamar un cadáver. El dolor y sufrimiento de viernes santo nos hace tanto eco, que nos quedamos ahí. ¡Tanta gente en nuestras procesiones de ese día! Es más fácil mirar a Jesús que muere porque está quieto, como dormido. Es más fácil identificarme con el Jesús de viernes porque está “amolado”, como nosotros. Pero el mensaje del cristianismo es de resurrección. El primer día de la mañana, Jesús no estaba en la tumba donde lo habíamos puesto el viernes. ¿Dónde se metió?

El Evangelio de Marcos es claro: Jesús el Nazareno, el crucificado, no está aquí. Vayan a decir a sus discípulos que va delante de ustedes a Galilea. ¿Por qué no decidió Jesús aparecer en el Templo de Jerusalén? ¿Acaso no le habría creído hasta Pilatos? No, habrían creído en un espejismo, un hecho insólito, un poder asombroso. Pero ellos ya creían en todo eso. Hay que volver a Galilea. Ese lugar vio cómo llegó el Reino de Dios a los hombres y mujeres sencillos.

Galilea es el lugar donde la vida se manifiesta. Los ciegos ven, los cojos andan, los mudos hablan… y la Buena Noticia se anuncia a los pobres. Aprendimos ahí que las leyes y las normas no pueden ser más importantes que el Amor de Dios por las personas; y que nuestros corazones albergan el poder de Dios que da vida a todos los que creen en él. Comprendimos que Dios es nuestro Padre y que Jesús es el Señor, su hijo muy amado a quien escuchamos. Por eso, volver a Galilea es comprender las escrituras y asumir un compromiso por la vida.

Después del encuentro de los discípulos con Jesús resucitado su existencia entera cambia por completo. Del miedo, al coraje del testigo que anuncia que la vida ha triunfado y Jesús es el Señor. De la duda, a la fe del apóstol incansable que recorre el mundo entero para llevar el mensaje del perdón, el amor, la paz y la justicia que recibió del Maestro. De la confusión, a la esperanza del discípulo que vive sabiendo que Él volverá y mientras ese día llega: ora, vela, anuncia, ama con todo su ser a quienes lo rodean. De la tristeza, a la alegría absoluta, radiante, hermosa, de quien se ha vuelto a encontrar con quien transformó su vida, su corazón, su mente.

El encuentro con Jesús resucitado nos compromete con la vida de testigos. Y eso es complejo porque significa que nuestra vida necesita transformarse todos los días para anunciar que la vida ha triunfado para siempre. Pasamos de la tiniebla a la luz que nos muestra tal cual somos, y eso incomoda porque exige un cambio interior. ¿Acaso no es más cómodo pedirle a Jesús que se quede como en viernes santo: quieto, dormido? ¿Y tú, qué tan vivo amaneciste hoy?