Sustantivo plural, segunda persona de singular en tiempo presente de indicativo… 
“Nuestras palabras siempre tienen más de una intención. No puedes decir: ‘lo hice sin mala intención’ cuando la sin-hueso siempre nos traiciona. Al final del camino tu corazón será pesado y se sabrá quién has sido en verdad.”
Imaginemos por un momento que es lunes. Ojalá pudieses estar aquí. No llueve, pero desde hace días ha hecho un clima extraño. Las nubes bajas y blanquecinas hacen que el cielo luzca apacible, casi mortecino. Luego sale el sol y nos sofoca un poco al medio día. Por la noche no hay estrellas para nosotros pues brillan allá, solas y frías, tras una cortina de algodón. Hace tiempo que no me ponía a recordar cosas felices. Este tiempo de verdad hace cosas extrañas.
Quisiera que nos volviéramos a encontrar. Tal vez con otro rostro y un nombre diferente. Alguna otra vida nos unió tan fuertemente que seguimos volviendo, irremediables. Yo te quiero. Pero a veces me desespero por las ansias de verte y no tenerte. Encontrarte amarrada  a otra vida; o solitaria y lejana. Creo que eres luna: lejana, fría, romántica, evocadora, enamoradiza, cambiante, soñadora, espejo de alma. Cada fase me conquista más. Tus menguantes me mueven a abrazarte bajo un puente, en una banca. Tu creciente me hace invitarle una nieve de nuez, o soñarte naciendo en otros mundos. Tu novedad me lleva a extrañarte horrores, a desear que sea ayer y no mañana. Tu plenitud me arroba y quisiera haberla visto un día, sólo un día… Quisiera…
Llamas con tu pensamiento y mi corazón estalla en llamas. 
“Pero no me hagas caso. 
Lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo.”