Hoy me he levantado por la mañana para seguir trabajando en el centro de cómputo de la casa. Al terminar, me di a la tarea de tener los materiales a punto para llevármelos en una caja por la tarde. Antes de la comida, saqué las fotocopias de los “anexos” que presenta el subsidio que estamos utilizando. Ya por la tarde, después de comer, salí de casa provincial hacia la capilla. Estuve con los muchachos que nos ayudan desde las cuatro y media. El trabajo con los niños fue de cinco a seis cuarenta y cinco de la tarde. Me quedé para terminar de arreglar y ordenar, mientras despedía a la gente. Esta noche tal vez pueda ver algún video, o escuche música y escriba un poco. Pienso en quienes están en Campeche, Oaxaca, Puebla y Veracruz, pienso en lo bueno que es Dios, cómo nos mantiene unidos a pesar de la distancia.

El trabajo con el centro de cómputo ha sido relativamente escaso. Sin embargo, ha requerido de mucha más concentración y una abundante dote de paciencia para que todo quede a punto. Nos compraron tres ordenadores nuevos, similares a los dos que ya se habían comprado el semestre pasado, aunque todavía falta que nos traigan dos de ellos. Ya tengo el espacio donde serán colocados y también todo lo que se necesita para que tengan un buen funcionamiento. En verdad, los últimos seis meses, nuestra pequeña biblioteca-centro de cómputo ha sufrido varios cambios: todos para bien. Quizá mañana me encargue de nuestra bodega de materiales, para también dejarla a punto, de modo que no tengamos tanto “trebejo” insuficiente.

Los materiales anexos para la pascua con los niños son muy amenos. Creo que están bien hechos, aunque podrían haberse diseñado un poco mejor. La mitad de la mañana, hasta antes de las dos, estuve trabajando en algunos letreros, dibujos, imágenes, etc. He descubierto que me gusta mucho dibujar cosas para los chicos. No lo hago tan mal, pues por lo menos mis figuras tienen forma y cierta coherencia espacial. Además, mis dibujos están hechos con cariño, eso también cuenta. Tal vez debería aprender un poco más al respecto.     Al terminar los materiales, me metí a bañar y se me hizo un pelín tarde. Luego, olvidé mi silbato y mi celular en casa, así que tuve que volver desde la copiadora hasta aquí por ellos. Llegué tarde a la comida, pero no mucho. Fue muy agradable, conocí a la mamá y hermana del padre José Luis, y ayudé un poco al padre Rafael con las revistas “Chiautempan”.  Salí rápido hacia la capilla.

En la capilla, arreglé los materiales que ocuparíamos ese día. Cuando llegaron los muchachos, Andrea, Arturo, Diana y Yazmín, trabajamos sobre la parábola del “Buen Samaritano” (Lc. 10, 25ss) y cómo íbamos a mostrarla a los pequeños este día. Les pedí que me ayudaran con las bases de nuestro pequeño rally. Arrancamos la pascua con alrededor de veintidós niños: pocos, pero entusiastas. Estoy seguro de que el mensaje que buscábamos transmitir llegó a ellos. ¡No cabe duda que pertenecen a una nueva generación! Y algunos de los chicos de casa hogar Calasanz pueden ser bastante inquietos. Pero también tengo que decirlo: estos muchachitos me han ganado el corazón poco a poco.

De camino a casa, pasé por un pequeño lugar donde venden tortas, justo frente a la casa provincial. Estuve tentado a quedarme en una taquería, pero mejor lo hago mañana, o uno de estos días. También quiero pasar por la casa provincial y ver si me dan de cenar una de estas noches; bueno, si hay alguien. En fin, compré una torta de milanesa y un refresco que, unidos a las dos piezas de pan que adquirí de una buena mujer de Ayutla de los Libres, son mi cena mientras escribo estas líneas.

Ha sido un buen día, creo yo. Todavía no termina. Tengo abierto el netflix en la ventana contigua y después de terminar este recuento, veré Fuller House para saber cómo pinta luego de tantos años. Aquí en México se llamaba “Tres por tres” y era una serie muy divertida, ¿habrán logrado el mismo toque? Ojalá.

Sigo pensando en mis hermanos, no sólo en los juniores, sino en todos aquellos que han salido de misiones en estos días santos para compartir la fe con personas de muchos lugares, de muchos estilos. Nuestras historias se cruzan y se tejen con la maestría que sólo el Padre es capaz de reclamar para sí. Una sola familia con mil y un rostros, tapete entrelazado que rompe barreras espaciotemporales ¡porque es eterna su Misericordia!