Agradezco su amistad en estos años. Es un hombre con una alegría y una chispa especiales, incluso se podría decir que tiene el desparpajo por la vida, propio de quien conoce los vericuetos y no sigue las calzadas. Pertenece a la familia religiosa de la Tercera Orden (TOR) y nos conocemos desde la filosofía. Poco a poco nos fuimos llevando y creo que hicimos clic gracias a nuestro sentido del humor. ¡Vaya que tenemos sentido del humor! No siempre coincidimos en nuestras opiniones y mucho he aprendido por esa discrepancia. Compartir la risa y tener ideas muy simpáticas, usar el comentario de uno para construir algo aún más gracioso; pero también compartir los «gozos y esperanzas» del caminar que deambulamos. Muchas aventuras vividas y por vivir.

Esta semana ha sido muy agradable volver a encontrarlo. Tener la posibilidad de ir con él a echar unos taquitos, o sólo sentarnos en las bancas frente a la cafetería y conversar de los retos que nos deparan en este año, en el semestre, con los cambios que hemos ido viviendo en el semestre anterior y las perspectivas que se asoman a lo lejos. La luminosidad construida en el cotidiano entramado de experiencias añejado por el tiempo me hace llamarlo mi amigo: somos amigos.

…Amigo con la tarde haz que se vaya
este inútil y viejo deseo de vencer .
Bebe de mi cántaro si tienes sed.
Amigo con la tarde haz que se vaya
este deseo mío de que todo el rosal
me pertenezca…
Pablo Neruda
Foto de lupillo y yo

Lupillo y yo, en una celebración de cumpleaños en el salón