Hablando de la Navidad y del sermón que escuché en la misa del 24, me vienen a la mente algunas ideas sueltas que pueden funcionar para crear un post.
La vida a fin de cuentas sigue sin que le importe qué día es, o si es una fecha especial. El tiempo es un implacable verdugo que no se detiene ante nada ni nadie. Así que somos nosotros quienes le damos la importancia que queramos a las fechas, a los días, al tiempo en sí. Está entonces en nuestras manos el tipo de Navidad que tenemos, no en manos de nadie más. Y mira que estamos rodeados de mil y una influencias, pero a fin de cuentas la decisión queda en nuestro criterio (si tenemos alguno)
Aquí es donde nace la segunda idea suelta: si nosotros tenemos la decisión de darle importancia, ¿a qué le damos más importancia en estas fechas? Yo no consigo una respuesta aún. Más allá de las ideas hipócritas donde Santa Claus viene y nos cambia todo el panorama y nos vuelve “buenos” y “amorosos” con los que nos aman en un mundo rosa de orejas de ratón… Más allá de la publicidad que nos indica que tenemos que dar y recibir, que este tiempo es para reflexionar y adelgazar nuestras cuentas en el banco… Más allá de quienes quieren comprar un patético trozo de cariño vía un déficit en la cuenta o en la cartera… ¿Qué queremos esta Navidad? ¿Por qué adornamos y seguimos celebrando?
Mi madre tuvo una idea interesante esta tarde mientras comíamos. Las reuniones familiares en estas fechas son una experiencia catártica que conduce a la mejora de las relaciones entre las familias. Tengo un resentimiento que en cualquier día puede sonar inapropiado, pero dado este momento en especial, podemos desahogarnos y soltar lo que traemos dentro so pretexto de las reconciliaciones tan populares. Así, cada reunión familiar es, en realidad una bomba de afectividad en potencia, llena de recuerdos y de revelaciones… secretos a voces que se ponen sobre la mesa, junto al pavo y la sidra tradicionales.
¿Qué nos queda de cada Navidad? Cuando era niño todo era mucho más simple. Me quedaba algún juguete. Hoy… además del iPhone que me auto-regalé y una loción que mi madre tuvo a bien darme (una indirecta tal vez… ja ja ja) ¿Qué me quedó? Hoy lo sigo pensando.
Y a ti, querido lector… ¿qué te quedó esta Navidad?
Un abrazo navideño, de parte de Cometa, el reno de Santa Claus.
Y una muy feliz Navidad.