Podría sentirme feliz porque tengo la mac en mis manos ahora (mientras escribo) pero no lo estoy. Había planeado que esta entrada fuera especial, llena de color y algunas fotografías, pero tendrán que esperar un poco para llegar a tus ojos, querido lector. Amig@s, mi padre ha llegado a la casa del Padre. No puedo usar la palabra “muerto” porque no creo en un Dios de muertos, sino de vivos, así que sólo puedo decir que está con Dios ahora, cerca de él, dónde sea que eso se encuentre.

Lo supe anoche, al volver de la casa de mi Familia Anfitriona. Fue una madrugada larga, me la pasé entre llorando y estudiando para la siguiente clase de las 10 de la mañana. Me sorprendí a mí mismo con una fortaleza que pensé que no tendría. Una muy agradable sorpresa. En otras ocasiones pensé que la muerte de mi padre me sumiría en una depresión de la que no podría salir por mí mismo. Pero lo recordé, supe sus últimas instrucciones para mí, supe cómo y a qué hora pasó a otro mundo, supe lo que sucedió después, supe que hay una dimensión donde ellos nos esperan, que aquel vaticinio se cumplió y es turno de los hermanos para gozarlo. Ahora los tres están con él, nos aman y velan por nosotros. Estoy convencido.

A mi madre la noté haciéndose la valiente para que yo tenga valor. Yo hago lo mismo cuando hablo con ella. Hay mucho que decir, pero poco espacio y agua en mis ventanas. Me tranquiliza sobremanera la forma en Miahuatlán está cobijándola, amándola y haciéndola sentir acompañada. Es una situación muy difícil para mí, lejos, sin poder hacer nada… uno de los retos que odio de la vida es el sentido de impotecia, hoy me siento impotente.

No viajaré. Él me dijo que no lo hiciera, también me dejó lo que tenía que dejarme y me amó más de lo que yo pude apreciar en su momento. Estoy muy agradecido con mi viejo. Su vida fue un ejemplo, sus palabras, su alegría, su dote de parlanchín, su sentido del humor tan especial, sus sueños cumplidos y los que me transmitió alguna vez sin querer. Su amor por la libertad, por el derecho a decidir sobre su vida, su trabajo y sus proyectos. La vida no le negó nada, se fue en paz. Todo eso me trae calma y vuelvo a mis cinco sentidos, me sobrepongo. Tal vez no he llorado como debería, pero algo me dice que ya habrá tiempo para hacerlo.

Es curioso, hoy más que nunca estoy ocupado, lleno de tanto por hacer que realmente no tengo mucho tiempo. Ja, pero el tiempo es circular. Ya vendrá. Estoy vestido de negro, más como un simbolismo, como un medio de manifestar que estoy apagado, pero no derrotado. Tengo una razón más para luchar y salir avante en esta tarea. Volver, titularme, darle con todo y ver por mi viejita, mi hermana. (Al mencionarla también pienso en su familia)

Verdaderamente mi padre no estará físicamente conmigo. Verdaderamente ha resucitado. Por eso me atrevo a decir que estoy en paz, con todo y la impotencia: él está bien y mi madre y hermana están unidas. Yo, como puedo, estoy con ellas. El corazón no sabe de distancias en estos casos.

También estoy agradecido con todas las personas que han pasado en esta noche y anoche, que acompañarán a mi padre en su camino al campo santo, que apoyarán a mi madre y hermana en esta situación tan compleja. Mi corazón para JME que se organizó antes de que yo lo pidiese, que es una familia extendida para mí, que cantan por mí, que están y son mis ojos, mis oídos y mi voz en todo esto.

“Oráculo del Señor a mi Señor, siéntate a mi derecha
y haré de tus enemigos estrado de tus pies”