¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

A veces me he preguntado más de un porqué. Mi salida del seminario y mi vuelta a Oaxaca fueron procesos muy accidentados de los que salí airoso porque la vida sigue y Dios siguió conmigo, bendiciendo mis pasos, mostrándose en el apoyo de quienes viven cerca de mí. (o vivían en aquél entonces) Pero siempre estuvo ahí; un hueco que a final de cuentas no han podido llenar las experiencias y el mundo de gente que he conocido, los sueños que yo mismo he diseñado para luego vivir… siempre se queda esa inconformidad en mi corazón que no alcanzo a comprender, ni mucho menos a explicar. Sin embargo, eso nunca fue motivo para plantear una duda fundamental porque lo pensaba anecdótico, lógico; una consecuencia más de haber estado para luego salirme de un modo de vida –que no de una carrera– y mi idea de que el ser humano luego se plantea escenarios alternativos a la vida que decidió vivir. Así, yo transcurría mis días con la pasividad y tranquilidad de quienes no tienen más qué preguntarse. 
Una mañana, tres palabras sirvieron para poner a girar aquello que juré superado, despertar las incógnitas que había acallado después de tanto tiempo. (ni tanto) <>