Siempre me busco a mí mismo. Al final somos seres que vivimos desde nuestra propia existencia. Mi búsqueda de Dios está canalizada en mi historia, mis límites y mis necesidades. El tema del Abandono es que mi trato con Dios vaya desde la incertidumbre y la oscuridad. Descubrirme es mirar a Dios obrando en mí. Salva mi historia, excede mis límites y provee mis necesidades. MI obrar en mí mismo es obrar de Dios. Dejarlo actuar en mi vida es tomar la decisión de trabajar en mí, de conocerme, de aceptarme. ¡Nuestra autonomía es obrar de Dios!
Jesucristo tuvo un Getsemaní, y su autonomía fue obrar de Dios. Calasanz vivió la reducción inocenciana, y su autonomía fue obrar de Dios. María vivió el gólgota con el corazón en la mano, y su autonomía fue obrar de Dios. Para ser santos, primero hay que ser plenamente humanos.
¿Cómo me vivo a mí mismo? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Cómo trato mis limitaciones? ¿Qué postura tomo ante la incertidumbre nuestra de cada día? ¿Cómo vivió Cristo su humanidad? ¿Qué enseñanza me deja para seguirlo desde mi propia existencia?
Hay que sanar mi historia, una vez más bajar a lo profundo de mi inframundo y llamar, uno por uno, los demonios que lo habitan. Enfrentarme y aceptarme, integrar y desechar, condenar y salvar, amar y odiarme. Deconstruir para edificar con mayor solidez. Odre nuevo para este vino nuevo… tengo fe que así me lo concederá Aquél por cuyo amor estoy aquí.
 
¡Él conoce a quienes eligió!