La vida religiosa está llamada a ser un signo de esperanza, de amor y de fe. Nosotros estamos aquí porque el Amor de Dios nos ha llamado a seguirlo con alegría, con intensidad, con toda nuestra vida. Es verdad que no sabemos cuánto va a durar nuestra vida, pero descubrimos un gran tesoro en seguirlo sólo a Él. Apostamos seguir a Jesús todo nuestro tiempo en esta tierra porque sabemos que su Espíritu nos sostendrá, que viajamos acompañados y que las Escuelas Pías son su Obra. A través de nosotros, queremos que los niños y jóvenes puedan encontrarse con Él. ¡Contagiamos ese maravilloso encuentro que hemos tenido con su gran Amor!

Con ese anhelo, vivido en comunidad, dedicamos todas nuestras fuerzas al anuncio del Señor Jesús, con el lema «Piedad y Letras». Sabemos que gracias a la educación la vida de nuestros niños y jóvenes se enriquece, y la mayor riqueza es vivir una relación de Amor con Quien nos ha amado primero: Dios; y con nuestros hermanos, construyendo un mundo más humano y más justo.

Podríamos explicar brevemente esto de los votos así. Éste modo de vida nuestro quiere tener un corazón abierto, desbordante del amor que Dios nos regala todos los días. Eso es «Castidad». También necesitamos vivir en la libertad de los hijos de Dios, que confían en su Padre más que en sus propias fuerzas. Eso es «Pobreza». Permanecer siempre atentos a la voz del Espíritu Santo para seguir lo que susurra a nuestro corazón. Eso es «Obediencia». Y el Espíritu nos ha dicho, en esta familia que inició con san José de Calasanz, que la educación de la juventud es un modo de responder al Amor de Dios; por eso decimos que hacemos un «cuarto voto de Enseñanza».

Queremos vivir estos votos, que podríamos llamar promesas inquebrantables, por toda la vida. Después de pasar un tiempo de formación, preparación, meditación y discernimiento, nos hacemos la pregunta: ¿Dios pide que siga aquí toda la vida? Mi respuesta ha sido que sí; y la he querido compartir contigo este día. Por eso hacemos esta profesión solemne en presencia de la comunidad, es a ustedes a quienes vamos a servir. Y como queremos que nuestra vida sirva para todos, hacemos nuestros votos en la Eucaristía, memorial de Jesucristo, quien nos mostró el camino del servicio, del amor.

Gracias por estar aquí, por acompañarnos en esta celebración del Amor infinito que Dios nos ha tenido. Es una acción de gracias por la vida, porque tenemos Escuelas Pías, porque la respuesta de Calasanz sigue dando frutos.