¿Puedes creerle a Dios?

por Feb 1, 2019Dabarim, Recursos0 Comentarios

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¡Qué difícil parece a veces creerle a Dios y confiar en su Amor que nos acompaña! A veces, el miedo y la preocupación nos roban la paz y empequeñecen el poder de acción del Espíritu Santo en nuestra vida. Sobre todo cuando la voz de Dios nos llega por canales inesperados.

Hoy, la Palabra nos presenta el Amor como un camino, una elección radical que está unida a la Eternidad. Por un lado, el Señor dice: «…antes que tú nacieras yo te conocía» para animar al profeta Jeremías. Con él, nosotros podemos estar seguros que nuestros nombres, nuestras misiones, el sentido más hondo de nuestra vida descansa en Dios. Eso significa que entre más conozcamos a Dios, mayor será el sentido que adquiera nuestra vida porque podremos hallar quiénes somos realmente. Por eso, el Apóstol dice: «conoceré a Dios como Él a mí». Es una esperanza plena, cierta, que está basada en la Eternidad. Desde sus manos hemos nacido y no tenemos mayor destino que volver a ellas cargados de Amor, de su Amor.

¿Cómo lograr volver así? Entra en juego la opción fundamental de nuestras vidas. Elegimos creer y esperar para vivir en el amor. No es fácil cuando las preocupaciones agobian nuestra alma, ni cuando el tiempo nos apresura porque no alcanzamos a terminar todo lo que hemos propuesto hacer durante el día, ni cuando el enojo se apodera de nosotros y nos consume, o la pena nubla nuestros ojos y no podemos ver la acción de Dios presente en nuestra historia. Por eso Jesús dice que el camino es angosto, que no basta decir que somos cristianos para serlo, decir que creemos y esperamos para experimentarlo de verdad.

Sólo desde el Amor la fe y la esperanza tienen sentido. Así puedo creerle a Dios cuando dice: «Yo estoy a tu lado para salvarte»; así puedo alzar las manos al Señor en tiempos oscuros y clamar: «Tú eres mi auxilio y defensa», aunque todo luzca en contra mía. Ser cristiano significa vivir como un testigo de lo que Dios ha hecho en mi Vida, ser capaz de defender esa Verdad y pregonarla por el mundo, con mis actitudes, gestos o palabras. Seguir a Jesús es ir adelante, sabiendo que soy imperfecto, pero vendrá un tiempo distinto porque le creo a Dios.

Con amor, ¡yo apuesto por Dios! No es a mí mismo a quien busco cuando trato de resolver mis problemas, sino la voluntad de Dios la que puede iluminar mi quehacer de todos los días. ¿Qué me está enseñando Dios con esta actividad? ¿Qué mensaje de Dios recibo de parte de esa persona? Cuando las cosas marchan en nuestra contra por defender la Verdad y la Justicia, recuerdo cómo Jesús «pasando por en medio de ellos» se alejó con la confianza y la seguridad de quien ha experimentado ese amor de Dios.

El amor es el camino que recorremos todos los días cuando elegimos ver lo que otros no ven. Vivimos en el amor cuando disculpamos, confiamos, esperamos y soportamos a nuestros hermanos y a nosotros mismos. El fruto del Amor es una renovada fe en la humanidad, que a pesar de las grandes debilidades, somos capaces de recordar nuestra más profunda identidad y tratarnos de una vez como verdaderos hermanos y hermanas. Anticipo de Eternidad.